" SÚ t˙ mismo "

Se nutre de temas surgidos en conversaciones en que participo.
Para comprender mejor los ˙ltimos temas, conviene leer los anteriores.


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═ N D I C E .-
* Respira de ti mismo.
* No tienes que apartarte cuando sientas que fracasas en tu relación con los demás.
* Nuestros conflictos con los demás o con alguien en particular ...
* Cada encuentro con los demás se inicia desde la neutralidad de deudas y créditos.
* Lo más importante de lo que hagas, pienses o digas, ...
* Actúa desde tu sentimiento interno y no desde maquinaciones estratégicas cerebrales.
* No pretendamos ser los directores del destino de otros.
* Lo más oportuno para conversar con alguien.
* La depresión ("bajonas") tras la euforia.
* Sobre la relación de Pareja Hombre-Mujer.
* Dualidad Aciertos--Desaciertos, ... Inteligencia--Torpeza.
* ¿Amor incondicional ? ... .
* ¿Somos algo diferente de nuestros Pensamientos?
* Las pretensiones de los demás en mí.
* La compañía del cigarrillo.


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* Respira de ti mismo.-
¿Sabes que respirar es el acto en sí de la vida?
A través de él, consciente o inconscientemente, vamos alcanzando el objetivo del "Desarrollo de la Conciencia". Cuando respiramos nos abrimos al mundo de las relaciones con nuestro entorno, a través del cual la vida evoluciona.
Respirar en amplitud es estar abiertos a la vida. Estar conscientes de nuestra respiración es estar abiertos a la conciencia de nuestros estados internos.

¿Has respirado alguna vez de ti mismo?
¿Sabes que eres energía, energía que fluye constantemente más allá de tu piel, más allá de lo que puedes percibir de ti, más allá de tus formas, y que esa energía es "respirable" a través del acto de la respiración, de tu propia respiración y de la de toda criatura viviente?

Si deseas entrar en mayor conciencia o profundidad de conocimiento, comprensión o empatía de algún otro ser, cosa o circunstancia, respira conscientemente de la energía que emana su realidad existencial. Todo cuanto "es" tiene un núcleo de Ser y una vibración de emanación, a través de la cual interactúa con todos los elementos de su exterior, y esto puede ocurrir tanto en los niveles conscientes como en los inconscientes.

Cuando actuamos desde lo consciente, desde el sentimiento de estar respirando de otro ser a través de nuestro sistema respiratorio ordinario, no se trata de percibir el "olor" del otro, sino de estar convencido de que parte de su energía libre es absorbida por nuestros pulmones y se entremezcla con la de nuestro propio ser. En este acto no se precisa de cercanías físicas, pues la realidad energética no fluye condicionada por lo espacial (el espacio, las distancias físicas), sino solamente por lo temporal (el tiempo, el momento y la duración). Y es así como podemos interactuar en un instante concreto con algo que pueda encontrarse a nuestro lado o bien a miles de kilómetros o al otro lado de la Tierra.

Si esta acción la llevamos a las posibilidades de interacción de nuestro estado de conciencia, de nuestro "darnos cuenta", hacia la diversidad de personajes o roles que conforman o intervienen dentro de lo que venimos a llamar nuestra personalidad, podremos quedar admirados de cuánto alcanzamos a saber de nosotros mismos por lo que permitimos a nuestra conciencia conectar y percibir de aquellos y, al mismo tiempo, poder intervenir en ellos.

Mas si ya esto es importante, aún más lo es el hecho de que con esa interacción de nuestro ser consciente con todo aquello (a veces de amplitud inmensa), aprendemos a situarnos "en" nosotros mismos, en lo que somos en mayor extensión de lo que creíamos ser. Y con esto, nos cultivamos en saber estar "con" nosotros mismos, alcanzando a conocer diversas facetas a las que nos podemos dedicar para construir mayor integridad hacia las vivencias que estábamos inclinados a buscar o expresar.

Con estas prácticas iremos observando que nuestro estado de ánimo depende más de esa nueva relación con nosotros mismos que de la relación con los demás, ya que intervendremos más en nuestra vida cotidiana desde lo que dimana de nuestra propia aceptación y no tanto de lo que precisábamos antes de la aceptación por los demás.

Entrenarnos a respirar conscientes de la energía que somos, no situando la conciencia en el simple aire que introducimos en nuestros pulmones al inspirar, sino en la realidad energética que emana nuestra corporalidad y que aspiramos e introducimos en nuestro "interior existencial", aumenta enormemente las posibilidades de aceptación y concordia de todo aquello que viene a ser nuestra integridad, y que puede ir desde los distintos roles que responden a nuestra personalidad psíquica humana, o las distintas facetas de nuestra personalidad física, como también el propio despertar consciente de nuestra estructura más esencial, ligada a los valores del alma.

Esta aplicación a respirar de nosotros puede ser enfocada hacia una parte concreta de nuestra personalidad o de nuestra corporalidad; es decir, hacia un aspecto de nuestro modo de ser del que queramos tener más conciencia para poder trabajárnoslo mejor, o de algún aspecto o parte de nuestro cuerpo físico al que deseemos llevar más energía (simplemente por ser más consciente de él) o dar más armonía o eficacia (al tenerlo más presente en nuestra conciencia como parte integrante que es de nuestra integridad).

Los problemas de nuestra personalidad y corporalidad tienen siempre una base de marginación de sus valores o de sus funciones en el contexto global de las posibilidades de nuestra personalidad o de nuestros funcionalismos corporales; situar en ellos nuestra conciencia es aportarles fuerte dosis de energía y posibilitarles su normalización; es aceptar su realidad o presencia en nosotros, originada o movida por algún aspecto interno de nosotros mismos, y a partir de tal aceptación hacerles posible su coherencia y utilidad al contexto global.

Para que el acto consciente de respirar de alguno de nuestros aspectos o de nuestra condición general cumpla la eficacia de aportarnos positividad, coherencias o integridad, la respiración ha de ser lenta y profunda, para trabajar todo ello con la serenidad que precisa todo acto de concienciación armónica. Si al final de la inspiración retenemos algún instante la energía (recibida a través del aire respirado) en nuestro interior, reforzaremos la toma de conciencia pretendida.

El contenido energético (físico y psíquico) del aire que respiremos ha de ser llevado a la integridad de nuestro ser, de cada rincón de nuestro cuerpo y, con ello, a cada una de las facetas posibles o existentes en nuestra personalidad. Y esto es posible a través de la corriente sanguínea, que recoge constantemente de nuestros pulmones el contenido energético del aire que respiramos. Así que, cuando retenemos unos instantes en nuestros pulmones el aire inspirado, posibilitamos a la sangre impregnarse bien de sus contenidos y llevarlos en su continuo peregrinaje a cada rincón o parcela de nuestro ser.

Con esa retención del aire por unos instantes, afirmamos nuestra aceptación de que lo que nos llega del exterior (del contexto externo de la Vida) pueda transitar e interactuar en nuestro interior, labor que, realizada desde una actitud interna de serenidad y confianza (Paz), será dirigida por la Sabiduría que rige todos los procesos vitales de las almas, en función de las necesidades evolutivas (de superación de incoherencias y crecimiento espiritual) de cada individuo y, al mismo tiempo, de cada colectivo donde esos individuos estén inmersos.

La expulsión del aire y, con ello, la liberación de la energía absorbida, debe hacerse desde la propia inercia natural de nuestros pulmones y diafragma, sin forzar tiempos, dirección ni propósito alguno de esa energía, para que fluya desde la simple liberación, con lo cual cultivaremos no forzar situaciones concretas externas a nosotros, e iremos alcanzando mayor grado de saber mantenernos en nosotros mismos, permitiendo que la vida en los demás fluya desde sus propias motivaciones y necesidades. Trabajaremos así por el desprendimiento de los apegos y dependencias, alimentando mayor coherencia esencial en los modos de nuestras relaciones hacia uno mismo y con los demás. Habrá más paz en nuestro ser y, por ello, en el entorno que nos llegue del exterior.

En lo que vayamos consiguiendo de mayor coherencia y concordia dentro de nosotros mismos, desde ese estado de paz respiratoria, iremos aportando a nuestro ser personal aquellos valores que antes buscábamos recibir de fuera, de los demás, y que con dificultad nos llegaban con eficacia en lo que precisábamos percibir de ello desde nuestra sensibilidad emotiva.

Ahora, ya creadas las bases en nuestra propia estructura intrínseca, por lo que nos hemos sabidos dar a nosotros mismos (compañía, amor, tolerancia, respeto, colaboración, etc.), nos llegará también eso mismo del exterior, con más contenido y coherencia hacia lo que precisamos ir cultivando aún más en nosotros. Y es que sólo podemos recibir de fuera lo que ya somos de alguna manera por dentro; de otra forma, nuestra sensibilidad no lo apreciaría y siempre estaríamos en el sentimiento de su carencia.

Para alcanzar a amar, hay que pasar por la experiencia de "saber amarse" a uno mismo, y esto requiere de "saber estar" en ti mismo. De otro modo, nuestro amor no será tal ni hacia los demás ni hacia uno mismo.

¡Ama la Vida!  ¡Respira de ella y de ti mismo! pues ello te llevará a la aceptación de ti y de tu entorno, ya que alcanzarás a conocer la simbiosis que ambos formáis, mas sin olvidar que la vida en ti late desde la cualidad de los latidos de tu propio corazón.


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-. Notas adicionales .-

* No tienes que apartarte cuando sientas que fracasas en tu relación con los demás.-

Cuando percibas que aún no consigues vivir la actitud que deseas ante alguien en concreto, porque sale de ti aquella actitud que deteriora la relación, no pienses en "retirarte" por un tiempo del contacto con esa persona; la causa estará en que aún no sabes estar lo suficientemente en ti como para abordar esa relación con la naturalidad, respeto y aceptación que precisa.

Cuando estés sólo, procura intensificar tu relación contigo mismo, tal como expreso en la parte anterior de este escrito, pues al ir intensificando tu propia relación (tú ante ti y contigo), cuando estés con la otra persona demandarás menos dependencia del uno hacia el otro y la relación será más fluida desde ambos, sin presiones en ti ni en el otro. Al menos esto ocurrirá desde ti, y esto afectará en los modos desde el otro.

Irás siendo capaz de ser más tú mismo ante el otro; y ser "más tú mismo" significa no tener que ser tanto en el otro y que el otro lo sea en ti, sino cada cual más en sí mismo, y a partir de esto la relación se acercará más hacia el agrado mutuo de la misma. Alcanzaréis a "compartir" vuestros mutuos valores, y no a manteneos en una pugna por la "neutralización" de aspectos del otro para realce de los nuestros, aquellos donde se asientan nuestras debilidades.


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* Nuestros conflictos con los demás o con alguien en particular están fundamentados en conflictos dentro de nosotros mismos, con aquellos aspectos de nuestra personalidad que aquellas o aquella persona pone de manifiesto ante nosotros mismos como si fuera algo que existe sólo en ella.

De esto resulta lo importante (lo trascendente) de comenzar a trabajarnos nuestra propia aceptación, pues sin ésta no alcanzaremos a poder aceptar a aquellos otros que vibren o puedan expresar algo de ello ante nosotros. Y es así como resulta que las personas en algún tipo de conflicto con nosotros, no desaparecerán de nuestra vida hasta tanto no resolvamos nuestro propio conflicto interno, nuestra no aceptación de aquello de las posibilidades de nuestra personalidad que esa persona viene a mostrarnos a través de los modos de la misma.

Si nos apartáramos de dicha persona sin resolver nuestra situación interna, aquello que nos afecta volverá a aparecer a través de otra nueva relación, pues el sentido de la vida y de todos sus aconteceres es posibilitarnos el crecimiento hacia la armonía de la Sabiduría del Amor.

Así pues, si quieres intensificar tu armonización (respeto, tolerancia y aceptación) con cualquier persona, no olvides de buscar "especialmente también" la armonización con todos los aspectos posibles de tu personalidad (física, anímica, intelectual y sentimental); en estos nace el problema hacia las demás personas. Los demás te servirán para "saber de ti", de aquello que no armoniza con el resto del ser que deseas llegar a ser, pero los demás no te sanarán si no empiezas a sanar la raíz de esa afección, que se estará manifestando tanto en tus aspectos físicos como en tus aspectos mentales. Utiliza el contacto con los demás como termómetro para saber de tus estados internos, pero no les achaques a ellos tu situación de afectación.


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* Cada encuentro con los demás se inicia desde la neutralidad de deudas y créditos.-

Todo cuanto nos ocurre tiene su razón de ser en energías acumuladas en nuestro interior personal, resultantes de las actitudes desde las que hemos venido recibiendo nuestros aconteceres anteriores. Todo podríamos imputarlo tanto (el 100%) a los demás y circunstancias externas, como (también el 100%) a los estados internos desde los que recibimos y percibimos la vida que se manifiesta ante nuestra sensibilidad.

Pretender cambiar nuestro exterior (donde se desenvuelven los demás) es echar energías y tiempo a un pozo sin fondo, si no contemplamos la razón que todo lo que del exterior percibimos tiene que ver con estados internos nuestros que no alcanzamos a percibir en nuestra conciencia. Procurar que ese exterior cambie a partir de cambios en nuestros modos y actitudes (vividos desde el sentimiento y no solo desde lo conceptual o cerebral), es alinearnos en la eficacia de la transformación de nuestras circunstancias.

Si alcanzamos a ver la veracidad de lo que expresa el párrafo anterior, todo encuentro con otra persona debemos abordarlo como una relación que comienza en tal momento, sin deudas ni créditos del uno hacia el otro, pues todo lo que entre ambos ocurrió en anteriores situaciones, relaciones o encuentros, ya fue saldado con lo que cada cual recibió en ellos. Tanto si nos gustó lo que ya ocurrió, como si nos fue incordioso, tuvo su razón de ser en lo que había en el interior de cada cual, y vino a hacer el efecto necesario en cada uno de ellos; y esto fue así tanto si lo percibimos y lo aceptamos como si no nos dimos cuenta y nos revelamos contra el resultado de dichos encuentros.

Abordar cada nuevo encuentro desde la paz y serenidad interna, sin afectación por lo que fue en nuestro estado de ánimo el encuentro anterior, nos permitirá vivir con la mayor riqueza esta nueva situación, pues al situarnos en la paz interior, estaremos más abiertos a percibir los valores que contenga el nuevo encuentro, ya que no llegaremos ni recelosos ni ansiosos, sino desde "un nosotros mismos" equilibrado por la paz interna, por el sosiego de nuestra respiración, de nuestro latido cardiaco y de nuestro estado anímico.


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* Lo más importante de lo que hagas, pienses o digas, no es lo que hagas, pienses o digas, sino la actitud interna emocional desde la que surge o desde la que vives eso que haces, piensas o dices. La pretensión con la que actuamos, pensamos o hablamos, llegará a lograrse o no, pues eso va a depender de las actitudes internas de aquellos que reciban nuestros actos, pensamientos o palabras, siendo así responsabilidad de ellos, ya que irá en función de sus propias actitudes internas hacia lo que puedan recibir de nosotros (consciente o inconscientemente)

Pero una cosa sí es clara y depende plenamente de nosotros: Lo que a nosotros mismos nos aporte aquello que hacemos; lo que alcancemos a recibir de eso mismo que surge de nosotros hacia nuestro exterior (a través de nuestros hechos, pensamientos o palabras)

La Vida utiliza los elementos más cercanos a nuestra realidad existencial, para aportarnos todo aquello que más urge contemplar por nuestra personalidad, que no será otra cosa que la propia consideración de lo que está siendo nuestra actitud de vida, nuestro modo de implicarnos en la realidad existencial como almas encarnadas.

Y esos elementos más cercanos vienen a ser aquellas cosas (acciones, pensamientos, palabras y emociones) que brotan de nosotros mismos. Por lo cual, nuestra primera responsabilidad como seres conscientes, como seres racionales, es saber estar atentos a todo cuanto brota de nuestro interior, pero, principalmente, del estado emocional o de sentimientos que realmente acompañan a nuestras acciones y palabras. Sería algo así como estar observando el "color" emotivo real interno que acompaña a cada acto o palabra que dirigimos hacia algo o alguien.

En caso de palabras, sería como si de nuestro caudal dialéctico, compuesto por elementos o bolas de diversos tamaños y colores, estuviéramos pendientes de ir percibiendo las características de cada bola (tonos emotivos, modos de las palabras, actitud externa nuestra, etc.). Seríamos capaces así de alcanzar a comprender las reacciones que provocamos en los demás, y de esta manera llegar a conocer el por qué de las circunstancias que envuelven nuestra vida, especialmente de todo aquello que de alguna manera nos afecta o condiciona.

Iremos alcanzando, en esta manera de observación del matiz interno con el que acompañamos a cada cosa de nuestro proceder, a conocer de la realidad que hay dentro de nosotros, el estado emocional para con nosotros mismos en el que tendemos a estar, del cual iremos viendo que va a ir dependiendo la cualidad de todo aquello que de la vida vamos recibiendo.

Por todo ello, no te importe tanto las palabras que uses o las cosas que hagas, sino la actitud interna con la que hablas o actúas; ella es la constructora de los matices de la vida que tras ello vas a ir abordando, te vas a ir encontrando. No te las des de nada que no sea la realidad emocional que vayas percibiendo en ti en cada instante, en cada encuentro o interacción con los demás. Ella será la que aporte lo que los demás reciban o perciban de ti, y no lo que tú pretendas desde las formas externas de tus palabras o los modos externos de tus acciones. Les llegará desde tu actitud emocional interna y no desde tus modos externos; guarda estos sólo para alguna representación teatral, pero no para cuando te apliques a tu realidad existencial.

Sé tú mismo o tú misma en todo cuanto hagas o digas; actúa desde tu propio sentir y obsérvalo, para que vayas percibiendo la coherencia con ello de lo que vas recibiendo después, para que vayas conociendo qué realmente hay en ti y qué provocan tus estados internos. Lo que no hagas ahora de lo que sientes por dentro, más tarde o más temprano habrás de expresarlo, de sacarlo fuera de ti, pues por la experiencia de sus consecuencias habrás de pasar; es algo que tu ser precisa y te obligará a ello.

No lo escondas y busca la mejor manera de expresarlo; la manera en que te pueda ser más provechosa su exteriorización, de cara a lograr más coherencia en la personalidad que deseas vivir; de cara a poder vivir con mucha naturalidad desde las inquietudes de tu ser, donde se encuentra el mayor grado de Paz en el que puedes situar tu vida.


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* Actúa desde tu sentimiento interno y no desde maquinaciones estratégicas cerebrales.-

No pretendas que "el otro cambie" en sus modos hacia ti, desde lo que vayan siendo estrategias tuyas para llevar al otro a otros comportamientos. Lo único que conseguirás es mantener situaciones con el mismo trasfondo de siempre: La pugna por el poder desde los modos cerebrales de cada cual, pero sin ningún logro en la armonización de vuestras relaciones; es decir, aplazando o desvariando con formas externas el camino del entendimiento.

Si deseas recibir otros modos de los demás, de más gratificación en lo que son los modos de vuestra comunicación, trabájate tu actitud interna desde la cual contemplas o te diriges a esa persona. No tienes que cuidar las palabras, sino tu sentir interno cuando te comuniques con ella. Un sentir interno real, que ocurra realmente en ti y no como mero teatro ante ella.

Contempla y ten presente, acerca de este punto, lo que expresa el apartado anterior y que comienza con "Lo más importante de lo que hagas, pienses o digas,...". Cualquier otro comportamiento que no surja desde un sincero sentir interior de apertura a las posibilidades de los modos del otro, no mejorará vuestras relaciones. Sólo tu paz interior, sinceramente vivida hacia tu relación con el otro, posibilitará entre vosotros la concordia que anhelas.


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* No pretendamos ser los directores del destino de otros (hijos, hermanos, amigos, alumnos, etc.). El destino de cada cual, por donde ha de pasar y a donde ha de llegar, ya viene marcado en sus genes, en su genética personal, escrita por las necesidades de su propio ser en su camino evolutivo como alma.

Démosles oportunidad para que puedan experimentar los modos en los que precisan o tienden a expresarse, manteniéndonos cerca de ellos emocionalmente para lo que precisen rectificar o enderezar de cuanto desvaríen si esto ocurriera.

El hecho de que de nuestro sentir interior, de nuestros sentimientos, parta hacia ellos la confianza de que sabrán hacerlo de la mejor manera posible en sus posibilidades, y no desde nuestro pensar que se van a equivocar o fracasar, ya les posibilita contar con más oportunidades de acierto, de eficacia, de logro positivo de lo que esa experiencia por pasar les tiene reservado.


Cuando cuentan con el sentimiento de nuestra confianza en ellos, aunque sepamos que aún no han pasado por la suficiente experiencia como para pensar que lo harán bien, estamos poniendo en sus manos, en sus posibilidades, parte de nuestra propia experiencia y eficacia. La imagen dinámica anterior muestra la realidad que puede ocurrir a nivel neuronal (de los modos posibles de las neuronas de nuestro cerebro y personalidad).

Cuando nos situamos en nuestra confianza hacia las posibilidades de ser de nuestros hijos, estos adquieren gran caudal de lo que han sido nuestras propias experiencias. Cuando nos situamos en desconfianza, nuestras experiencias quedan bloqueadas por nosotros y apenas les llega a ellos.

Esto es algo que ocurre en los niveles subconscientes, gracias a lo que posibilita nuestra realidad de ser Uno en lo colectivo; es decir, gracias a que por encima de la realidad individual hay otra realidad de que somos entidades colectivas, de que cada cual dispone no de unos valores de propiedad individual, sino de valores que son propiedad del colectivo; valores a "canalizar" por los individuos, pero no a "poseer".

Repito que "la posesión" de los valores (modos de ser, de pensar, sentir, etc.) es del Colectivo y no de los individuos que lo forman, manteniéndose en la atmósfera psíquica colectiva, de donde lo toman la psique de cada individuo que cultive la posibilidad de expresión de cada uno de esos valores.

La atmósfera psíquica del Colectivo se nutre de todo cuanto sus miembros van elaborando; de todo cuanto cada uno de los individuos que lo componen va dando vida "a través de sí". No vive el individuo sólo para sí, sino para enriquecer con sus vivencias las posibilidades del colectivo; sus logros pasan a la atmósfera colectiva, por lo que nada se pierde en la propia vivencia del individuo.

De esta manera, cuando algo ya cultivado por nosotros ha de ser utilizado por otro, nuestro sentimiento (vivido real y no como estrategia cerebral) de confianza sobre el que así podrá ocurrir, ya que no nos aferramos al sentimiento de propiedad única de tal modo de ser o actuar, posibilita a aquel otro a ir expresándose con tal capacidad o modo de ser, de lo que parecía o creíamos sólo inherente a nosotros.

Cada modo de ser, cada valor o condición humana a poder expresarse, es una "energía viva", que precisa sólo estructuras humanas para ser de nuevo expresadas a su través, para seguir tomando vida manifiesta en la condición humana en la que alcanzó a ser creada. No sólo existen las condiciones de vida que conocemos como mineral, vegetal, animal y humana, los valores y modos de comportamientos son realidades tan vivas como cualquier individuo; son realidades del mundo sutil, del mundo suprafísico, que precisan de estructuras físicas, como son las formas orgánicas que conocemos como lo animal y lo humano, para ser expresadas y, con ello, poder ir evolucionando.

Son ellas las que hacen necesaria nuestra existencia en el mundo de la materia, de la materialización, pues a nuestro través se desarrolla la conciencia de sí mismas y, con ello, la conciencia de nosotros mismos, en el contenido que de aquellas permitimos expresar a nuestro través.

Las ideas, los criterios, ... y todos los valores humanos, como realidades vivas existentes en un mundo suprafísico, precisan de estructuras (cuerpos orgánicos) humanas para poder evolucionar, de la misma manera que la tierra en sí precisa de cuerpos orgánicos (primero lo vegetal y después lo animal) para ir evolucionando hacia estructuras moleculares cada vez más complejas y sutiles, que a su vez posibilita formas vegetales y animales cada vez más complejas o sutiles, de donde llegó a surgir la condición orgánica humana.

De aquí la importancia de posibilitar que nuestros hijos sean expresiones directas de lo que en ellos está la posibilidad de expresar, de vivenciar, y no pretender ser los controladores de sus modos de expresión vital.

Ellos crecen en esas experiencias, pues son sus propios modos los que buscan ser expresados. Sus personas precisan experimentar lo que en ellos está en posibilidad de expresar, y los valores a expresar encuentran en ellos (en esas personas) las posibilidades de evolucionar hacia matices diferentes en sus contenidos como valor vital, ya que cada criatura que los expresa lo hace con un sello o filtro diferente, en donde toma importancia también que lo a expresar por nuestros hijos lleve en sí nuestro consentimiento o nuestra confianza, ya que esto le permite al sello personal de nuestro hijo contar con parte incorporada del nuestro; por tanto, un matiz de solidaridad (aceptación y tolerancia) que se infiltra en la estructura del valor o modo de ser o expresión humana que tiende a vivir a través de nuestro hijo.

La propia realidad existencial que poseen esas energías vivas que son los valores psíquicos que se expresan a través de la condición humana encarnada, es algo que viene a confirmarnos su realidad cuántica, es decir, que están circunscritas a contenidos específicos, cuantificados en sus "volúmenes" energéticos existenciales. Es de esta manera como se justifica la no existencia (ni conveniencia) de la propiedad, sino su utilización circunstancial, manteniéndose sus raíces en la despensa colectiva, de donde hay que tomarlos en función del cultivo que cada cual consiga hacer de las posibilidades de canalización de dichos valores.

De esa condición de cuantificación toma también importancia capital la consideración de que debemos procurar no acaparar en nosotros la permanencia de aquellos valores que deban ir pudiendo expresar nuestros hijos, pareja, etc., a fin de que también ellos puedan ir cultivando los modos de ser que valoramos en nosotros mismos. Y es en esto donde se fundamenta la capacitación que podemos "transmitir" a nuestros hijos con tan solo poner en ellos la confianza de que "sabrán hacerlo", de que serán capaces de hacer de mejor manera lo que deban hacer, aunque en ellos no estuviera aún manifiesta la capacitación o la experiencia de lo que sí nosotros ya pudimos mostrar.

Mas para ello es importante que sintamos en nuestro corazón que realmente no precisamos estar presentes en sus intervenciones, para corregirles o indicarles, sino que debemos saber mantenernos inmersos en otros cometidos, para que la energía de responsabilidad, o de voluntariedad, o de ... discernimiento de lo que deban discernir pueda "estar ahora en ellos". Es algo análogo a cuando precisan comprar algo; el dinero lo deben llevar ellos consigo y no mantenerlo en nuestros bolsillos.

Otra cuestión importante sobre nuestra relación con allegados directos, es lo que concierne con la comunicación (abierta, cerrada, fluida, dificultosa, etc.) que tenemos con nuestros progenitores (padres). Como hijos que somos, estamos predispuestos a que alguna de las características de los modos de ser de nuestros padres, cuando éstos desencarnen, tienda a ser canalizada hacia nosotros. Lo mismo podrá llegarnos (o reforzarse) una actitud o valor que ya operaba en nosotros, como aquello que menos aceptábamos de ellos y que más nos hacía tender al enfrentamiento.

Cuando nos enfrentamos a una actitud de otro, por lo que nos disgusta o afecta y que no soportamos en él, suele significar que en nosotros hay la posibilidad de canalizar tal actitud, pero que hoy día no soportaríamos verla en nosotros. No obstante, estamos dados a canalizarla cuando quien la canaliza actualmente deje libre tal opción de actitud.

De aquí la importancia de aprender a respetar tal actitud en la otra persona, entre otras cosas porque mientras opera en ella nos posibilita a nosotros estar alejados de la misma en nosotros. Pero también porque en la medida que respetemos que son esos los modos de expresión del otro, desarrollando tolerancia hacia ella, vamos haciendo posible que cuando nos llegue el tiempo de canalizarla como parte de nuestra personalidad, esa tolerancia desarrollada antes hacia fuera, operará como tolerancia dentro de nosotros mismos, de unos aspectos de nuestra personalidad hacia aquel otro que ahora tiende a manifestarse.

Además, la propia vivencia de aceptación de la personalidad en ello de nuestros padres, irá posibilitando que hoy día podamos ir viendo cómo también está ella operando en algunos de nuestros modos de ser. Es así como al soportarla ver en nuestros padres (en otra persona), vamos preparando el terreno de soportarla en nosotros y, con ello, de llegar a percibirla y poderla sanar o reconducir a matices de más coherencia con el resto de nuestra personalidad.

Y esto es aplicable a lo que puede ocurrir desde nosotros hacia nuestros propios hijos; por lo que resulta muy interesante lo que trabajemos para la mejor comunicación con nuestros descendientes, que estarán dados a "heredar" de nuestras actitudes cuando menos se lo esperen.


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* Lo más oportuno para conversar con alguien es tratar sobre algún aspecto del proceso personal de los que conversan. Cuando tratamos sobre "nosotros", podemos alcanzar a "construir"; mas cuando tratamos sobre los "otros", tenderemos muy fácilmente a "destruir".

Cuando sacamos a relucir en una conversación entre dos o más personas las ideas o criterios de otros y sobre éstas discurre la comunicación, estamos perdiendo la oportunidad de enriquecernos realmente, tanto el que habla como los que escuchan. Lo que más enriquece a un individuo es "sacar de sí" hacia otro, y especialmente aquellas cosas o cuestiones que más carga emocional (lo que mucho le afecte) contenga; es decir, lo que más valor de vida contiene de todo cuanto podemos ofrecer a los demás: la afectación de nuestras experiencias.

En ello surge una posibilidad de reconsideración de lo vivido, y en esa reconsideración van surgiendo detalles que nos ayudan a verlo con más amplitud y, posiblemente, con más razones acerca del significado y aportación de lo vivido.

Dos o más personas motivadas por una misma cuestión, aportan a las posibilidades de elaboración comprensiva de aquella, un considerable mayor componente de entendimiento, pues las capacidades individuales puestas al servicio de un grupo, dan lugar a una mayor riqueza expositiva y comprensiva de la situación que trata de exponerse. Mas para ello es fundamental que entre los miembros del grupo exista la suficiente confianza o apertura y naturalidad como para que los valores mentales no se contrapongan, se enfrenten o se distorsionen, así como posibilitando la libre y completa expresión de quien tenga el uso de la palabra en cada momento.

Crecerá aún más la riqueza o utilidad de la conversación si la persona con la que hablamos tiene especial interés en el tema a tratar, o si de alguna manera a ella también le afecta, o si está versada (tiene conocimientos) en aquel. Por lo cual, no se trata de hablar con cualquiera, sino con aquellas persona que sepa situarse en el valor que nosotros damos a la cuestión sobre la que conversar.

Cuando en un grupo (dos o más personas) hay real interés en profundizar para alcanzar a comprender la mejor manera de abordar una situación, la propia necesidad de esa comprensión atrae de la atmósfera colectiva humana los elementos que la persona necesitada precisa para irse confirmando en la actitud más oportuna a tomar. El mutuo interés puesto en común, potencia las posibilidades de la solución.

Para este potenciamiento, es necesario que se parta de una relajación de los niveles del ánimo, de las expectativas, para que pretensiones concretas no condicionen las posibilidades de discernimiento de lo más oportuno a considerar. Si no nos desprogramamos por unos momentos de la inercia de como venimos actuando y considerando las cosas, difícilmente podremos canalizar aspectos posiblemente más beneficiosos en la consideración de la situación que se cuestiona.

Quien escucha debe, en primer lugar, tratar de comprender desde qué condición de situación, experiencia o expectativas habla el otro, para poder comprender mejor la razón en él de sus exposiciones. Y cuando responda, no dejar de tener en cuenta la condición personal del otro, para tratar de adecuar en él nuestros criterios. Lo que el otro necesita de nosotros, no son nuestros conceptos en general, sino aquello de nuestros criterios que puede aportarle en los del otro la siguiente pieza a considerar.

Es como si jugáramos al dominó; la ficha que tenemos que poner en nuestro turno no es cualquiera aleatoria de todas las que tenemos, sino la que contenga por un lado el mismo número o figura que el otro dejó al final de su intervención; así habrá "continuación" de la jugada y no una mera pugna de factores que no enlazan.

Cuando tratamos o transmitimos sobre nuestras experiencias emocionales, y no solamente sobre los conocimientos estudiados u oídos de otros, estamos movilizando y transmitiendo valores de vida y no meras abstracciones. Los "conocimientos" son materia que ocupan espacio en el entramado de nuestra mente; y ocupan espacio restando posibilidad a nuestra aplicación al área de las experiencias.

La Mente, aunque es algo que parece abstracto, sin límites, está sujeta a las mismas leyes que lo físico o material, y más concretamente en su analogía a lo que puede ser considerado como una maquinaria; su desarrollo depende de la cualidad del entramado (estructura) neuronal de cada cerebro y de la química nutricional de los alimentos que ingerimos en cada momento.

Los conocimientos a secas nos llegan a modo de equipaje, de elementos sin aún posibilidad de incorporación al uso, que pueden llegar a pesar y restarnos libertad de movimientos. Las emociones derivadas de nuestras experiencias vividas van constituyendo la carcaza de nuestro vehículo; van dando forma a sus estructuras externas, al aspecto que desarrollamos hacia fuera, hacia los demás.

La combinación que vayamos haciendo de conocimientos y emociones (con. + emoc.) nos irá aportando la comprensión de lo vivido, con lo que iremos remodelando las posibilidades del motor, las posibilidades de intervención de nuestra maquinaria, disminuyendo el peso de la carga de conocimientos (son ya incorporados a la estructura, a nuestras posibilidades de expresión) y posibilitando modificación en las formas de la carcaza (emociones mejor encajadas).

Y aún falta la consideración del "carburante"; éste lo constituyen las relaciones con los demás; de las cualidades de éstas dependerá la cualidad del carburante. Son el Alimento más trascendental de todo cuanto nos induce o influencia en la vida. Caminar no significa seguir siendo lo que ya alcanzamos a ser, sino avanzar en las posibilidades de nuestros modos de ser; y ese caminar sólo se hace posible en la relación con los demás, donde la naturalizad, sinceridad y confianza que desarrollemos en ello marcará la validez o veracidad de dicho caminar.

La vida humana encarnada se nutre de vivencias emocionales, y éstas requieren de los mismos procesos que cualquier alimento. Tras ingerirlas (vivirlas) hay que digerirlas (encajarlas) y, por último, sacarlas de sí, excretarlas (comunicarnos con alguien sobre ellas), para que finalmente puedan servirnos realmente como alimento enriquecedor, para sacarles mejor provecho.

Si quedan en nuestro interior, es seguro que no habremos alcanzado a comprender lo que venían a aportarnos en el crecimiento de nuestra personalidad, y tampoco posibilitamos con ese silenciamiento el que el fruto de su experiencia se incorpore a nuestra condición de ser, sino que se instalará a modo de condicionante, con algún tipo de bloqueo en nuestras reacciones hacia el mundo exterior, hacia los demás; no para darnos mayor soltura, sino para hacernos tendentes a algunas inhibiciones.

Cuando necesitamos sumergirnos en conversaciones triviales o superficiales, mostramos la necesidad de situarnos fuera de nosotros, fuera de la conciencia del estado de nuestro interior emocional, de nuestros estados de ánimos internos.

Cuando estamos por conquistar estados de ánimo internos de mayor estabilidad, de mayor coherencia con la personalidad que deseamos sentir en nosotros ante nosotros mismos, conversar con alguien sobre estados internos, sobre la mecánica subconsciente que mueve los resortes de todas las circunstancias vitales, se hace prioritario en los modos de relación con los demás. Añadir sinceridad a estos modos de relación, nos posibilita veracidad de logros en nuestras pretensiones de enriquecimiento personal.

El mejor modo de superar, de hacernos fuertes, en las áreas de nuestras debilidades (complejos, insatisfacciones, sensibilidades, etc.) no es el de construirnos corazas tras las cuales protegerlas, pues nuestra debilidad crecerá aún más como tal. Las superaremos o haremos fuertes cuando consigamos sacarlas al exterior, afrontando los miedos de nuestra vulnerabilidad, de nuestras inseguridades, de la incertidumbre de nuestros aspectos ante los demás, pero conscientes de que la brisa exterior las irá sanando y endureciendo.

Al irlas exteriorizando en conversaciones sinceras y respetuosas (de todos hacia todos), nuestra propia mente irá haciéndonos percibir otras consideraciones acerca de nuestro sentimiento sobre lo que considerábamos debilidades, que seguramente vendrán a ser aspectos de nuestra personalidad que no comprendíamos, pero de gran eficacia como herramientas de intervención en los procesos de nuestra vida.

El silenciamiento persistente de las situaciones que han ido generando en nuestro interior afectaciones emocionales, va generando en nuestro organismos embotamientos celulares que pueden terminar constituyéndose en caldo de cultivo de factores cancerígenos que minen nuestro organismo en general, del mismo modo que esas afectaciones silenciadas comprometen la solidez o posibilidad de existencia de nuestra personalidad psíquica.

Liberarnos de la carga emocional silenciada posibilita fluidez en nuestro torrente linfático orgánico, base del sistema inmunológico y de la posibilidad de desarrollo de nuestras estructuras de discernimiento.

Al irnos expresando sobre lo que considerábamos "muy nuestro", muy de nuestra intimidad o experiencia personal, nos iremos enterando de que no somos tan especiales, de que a los demás también les ocurren cosas como a nosotros, que los demás también viven situaciones muy análogas a las nuestras, que no somos tan bicho raro, porque hay tantos bichos raros que esta condición deja de ser especial de algunos.

Nuestras peculiaridades personales son consideradas por nosotros como especiales por la necesidad que tenemos de sentirnos diferentes de los demás, pero esto solo alimenta la vanidad o el orgullo personal, algo que en la naturaleza de la condición humana es preciso ir erradicando para poder alcanzar la verdadera condición humana, trascendida de la competitividad, rivalidad y depredación que aún está en nuestra genética de condición animal.

Somos seres de naturaleza colectiva (al mismo tiempo que de individualidad), y nuestra mejor herramienta en la solidaridad, expresada de manera excelente por el Principio vital que nos dice: "Haz en los demás lo que deseas a ti te llegue, o lo que desees se haga en ti". Nuestros dones están en la despensa colectiva, y para tomarlos (usarlos) con eficacia, necesitamos de la comunicación natural y sincera (llaves de la eficacia) con nuestros congéneres.

Lo que nos ocurre en cada momento es algo de la posibilidad de ocurrirle a los demás; compartirlo con los demás (con alguien oportuno) es aportar al campo de los demás la experiencia recibida en nosotros; es devolver al campo de la atmósfera psíquica colectiva el fruto de lo recibido (canalizado o experimentado) en nosotros.

Este modo de enriquecer la experiencia colectiva es el mejor modo de enriquecernos a nosotros mismos; es la manera en que lo experimentado o vivido por nosotros encuentre su razón de ser o sentido de su eficacia para lo que la vida pretendió aportarnos con ello.


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* La depresión ("bajonas") tras la euforia.-

Hemos de saber que tras vivencias de situaciones donde nos hemos sentido eficaces, eufóricos, satisfechos, competentes, optimistas, potentes, .. y, en general, con las energías necesarias para acometer alguna situación hacia alguien, cosa o elemento, habremos de vivir situaciones de "carencia", de falta de capacidad o falta de posibilidades de vivir el mismo estado emocional en positivo.

Esto se debe a que todo lo vivido "hacia fuera" (lo externo a nuestra persona) ha de ser compensado con vivencias "hacia dentro", ante uno mismo, y es así como aparecen las situaciones de carencia de lo que fue antes en nosotros sobre aplicaciones a algo que estaba fuera de nosotros mismos. La vida física es desarrollo en la Dualidad. Con la imagen que sigue he procurado ayudar a la comprensión de esa dinámica dual y compensatoria que precisa todo acto vital de la personalidad, para su crecimiento íntegro.

Proceso de Los demás y Yo:


Tras cada vivencia con o ante los demás, donde fraguo lo que percibo que soy para los demás, debo regresar a mí, para saber de mí mismo en el cómo percibo que es mi vivir en los demás; qué me siento ser en lo que vivo y qué soy para mí mismo, desde mi propia consideración. Equilibrar ambas vivencias es la clave del equilibrio personal hacia mí mismo y hacia mis posibilidades de vivencias con los demás.

"Entrar" en nosotros se inicia con la contemplación serena de cómo respiro, para pasar después, dentro de esa serenidad y desapegado de todo tipo de afectación por lo que vaya apareciendo en mi conciencia, a qué voy percibiendo de lo que he venido viviendo en las diversas circunstancias, y es así como me sitúo "ante mí" o me vivo. Con ello desarrollo conciencia de lo que vivo en mí y me equilibro de las vivencias en los demás. El paso siguiente será ir afrontando lo que debo hacer para vivir con más coherencia lo que percibo vivo de las situaciones; reflexión que debe surgir de esa toma de conciencia serena.

Vivir una emoción expresa un desarrollo nuestro volcado hacia algún elemento de fuera de nosotros (con alguna persona o cosa, incluso hacia un pensamiento). Muestra que hemos dado lugar (creado o manifestado en la materialidad) a una vivencia (un factor de expresión vital); y toda vivencia es una expresión polar (una de las opciones de la Dualidad), existiendo su contrapunto (su polaridad opuesta) tomando vida o materialización a través de otro individuo.

Por ejemplo: Si hemos dado vida a una emoción o estado anímico de optimismo, su complementación de pesimismo ha tomado vida (materializado como expresión de vida física) durante ese mismo tiempo, pero a través de otra estructura (cuerpo) humana, es decir, a través de otra persona. Y el hecho de haber intervenido nosotros (mi persona) en la vivencia de una polaridad, nos compromete (me compromete) a tener que vivenciar (experimentar) la vivencia de significación contrapuesta.

Esto podría venir a decirnos que deberíamos evitar las vivencias eufóricas o de exaltación del ánimo o del entusiasmo, pues conociendo la ley, de que deberemos vivir momentos de igual grado de intensidad, pero de sentido contrario, es decir, de desagrado posterior si antes fue de agrado, podría ser conveniente el adoptar la actitud de vivir todo con serenidad de ánimo, viendo (contemplando) lo positivo de las situaciones, de lo que vivimos en un momento dado, pero evitando la exaltación del ánimo, como viene diciendo la tradición budista, basada en este caso en la consideración de la ley del péndulo, en donde toma razón la "constante alternancia entre los días y las noches" que todo posee.

Vivir todas las situaciones de nuestra vida con un estado de quietud anímica, de sensación de paz interior a pesar de las características que pueden contener los acontecimientos, nos permite contemplar la vida sin necesidad de enjuiciamientos o, en todo caso, sin la necesidad de ir tomando opciones por lo que acontece, ya que no nos sentimos "afectados", sino simplemente ir afrontando o abordando todo cuanto se presenta como situación en la que se enmarca nuestro ser (todo cuanto la vida nos va trayendo).

Esto nos sitúa en un vivir carente de entusiasmos desde el punto de vista anímico, es decir, sin implicación de los aspectos emocionales de nuestra persona, pero con incremento de la conciencia de lo que va apareciendo como componentes de nuestra situación de vida. Esta actitud nos aporta dos factores; el primero es el tomar conciencia de los matices de nuestra realidad (en nosotros y en los demás); el segundo es la generación de un desapego a todo lo que ha venido estando vinculado a nosotros.

Con ambos factores, alcanzamos la posibilidad de reconsiderar nuestra situación, y si hemos sabido realmente desapegarnos al haber aprendido a estar verdaderamente en el deseo de mantenernos en paz interior y no tratando de mantener junto a nosotros situación alguna que no nos posibilitara esa opción de vivir en la paz, estaremos en disposición de reestructurar nuestra condición y ubicación vital. Habremos carecido de vivencias con entusiasmo, pero habremos logrado la satisfacción del conocimiento real de nuestra situación y la posibilidad de reconducirnos hacia situaciones más convenientes acerca de lo que deseamos vivir.

No obstante lo ventajoso de constituirnos en directores de nuestra condición de vida, no es fácil llegar a tal situación, pues el fuerte apego a muchos factores (humanos, económicos, etc.) es algo muy generalizado en la condición humana, y se prefiere poseer menos grados de conciencia de nuestras realidades, para seguir afrontando la condición de nuestras vidas. Se prefiere la tranquilidad que aporta la inconsciencia ante vivencias anómalas o improcedentes, a la paz que aporta la conciencia de vivencias coherentes.

La primera está llena de apegos condicionantes y de dependencias, y la segunda de desapegos, sinceridades y autodeterminación. Prueba de que está muy generalizada la opción primera, es lo extendido del hábito del tabaquismo, que posibilita el nublamiento de los factores cerebrales de concienciación.

Las situaciones de "carencia" de aquello que nos permitió vivencias con emoción positiva, pueden contemplarse desde dos opciones. Una, como ha sido considerado anteriormente, de necesidad de vivir la contrapartida de algo tenido (poseído)(se poseen también las situaciones mientras las vivimos). Y la otra, como sensaciones de vacío de lo que estuvo en otro tiempo en nosotros.

Cada cosa vivida, estará siempre a favor de un aspecto (o de aspectos varios) de nuestro ser encarnado, y en contra de otro (u otros). Por esta razón, toda vivencia podrá llegarnos con consideración positiva por unos lados y negativa por otros. No olvidemos la dualidad en que todo se desarrolla en esta vida.

Y será así como posteriormente a toda vivencia, por muy positiva que la hayamos considerado en un principio, nos puede llegar la sensación de que nos reporta algún tipo de negatividad, que aunque pueda no ser en sí misma de contenido importante para lo que pretendemos vivir, sí podrá presentarse en nuestro estado anímico como algo de gran contenido de negatividad o de importante condicionamiento para cuando pretendamos dar vida a algún otro aspecto de nuestra personalidad con el que parezca que se contradice.

De aquí podemos sacar enseñanza de la dificultad de vivir el sentimiento de Libertad que en el fondo buscamos, pero que no es más que las resultas de la dualidad que rige todo proceso vital.

La actual tendencia humana hacia vivencias de situaciones donde el sentimiento de libertad individual (autodependencia) tenga más protagonismo que el de dependencia a factores familiares o de pareja, viene a mostrarnos que ninguno de los esquemas de relación social (grupal de individuos) han sido bien considerados, es decir, que actualmente no satisfacen las espectativas que el individuo siente que precisa vivir, y es que no ha habido el oportuno cultivo de técnicas de interiorización que posibilitaran el encuentro de cada persona consigo misma para, como complemento de su aplicación a la vida con los demás, saber estar también ante sí mismo (contemplando aspectos de su propia realidad) de la misma manera que, en otras ocasiones diarias, procura estar ante situaciones externas de sí mismo.

Si apreciamos que estar en nosotros es sinónimo de vivir la carencia de algo de fuera (nos puede ayudar a ver esto la figura de más arriba), cada vez que sintamos estar en alguna carencia, en algún sentimiento de vacío, en añoranza de algo que parece no estar o no mantenerse en lo que deseáramos de ello, el saber serenar nuestro estado de ánimo, acallar las espectativas y situarnos en el sentimiento de paz o serenidad interior, y aplicarnos a percibir aspectos de nuestra realidad vivencial, pero sin abandonar ese estado de paz (sin ansias ni expectativas de ninguna clase ni hacia nada, mas que sentirnos serenos y contemplativos), la secuencia negativa de nuestra onda existencial cambiará de la sensación de vacío a la de plenitud con nosotros mismos.

En ese estado, nos será posible ir contemplando la validez que en nuestra vida tiene aquello de donde ahora nos llega el sentimiento de incoherencia o de carencia. Cuando vivimos la tenencia (cuando estuvo en nosotros lo que entonces nos agradó), le vimos su parte positiva, pero ahora, en el sentimiento de su carencia o de que para otra condición nuestra aquello distorsiona o dificulta nuestra necesidad de sentirnos libres o más coherentes, es cuando podemos contemplarlo desde esa paz interior, para sin pretensión alguna más que el ver la coherencia con el estado de paz que deseamos vivir, considerar la conveniencia de mantenernos en ello o mantenerlo en nosotros.

Toda vivencia colectiva (de dos o más personas) precisa de un toma y daca, es decir, de que cada cual ceda de alguna manera en algunos aspectos de su personalidad, para posibilitar la convivencia, si bien, aquello que no puede ser activado hacia el otro (hacia la otra persona), ha de encontrar una parcela para ser expresada, ya que todo de una personalidad precisa de su cultivo, a fin de posibilitarle evolución. De aquí toma sentido la necesidad de que cada miembro de un colectivo (pareja u otro) tenga su marco personal adicional de desarrollo que, por supuesto, no debe contradecirse con lo que son las vivencias a compartir en aquel colectivo. En lo relativo a la Pareja Hombre-Mujer, en otro apartado continúo.

Y por último, decir que de nuestro estado interno, de la condición del nosotros hacia el nosotros mismos, depende la condición y necesidad de nuestro exterior. Este último, ante la dificultad de vernos directamente en nuestro interior, viene a constituirse en espejo de lo interno en nosotros. Esto nos muestra la trascendencia de lo que construyamos dentro, para que esto, a su vez, modelo lo que encontraremos fuera. Todo lo del exterior, incluso los aspectos de nuestro propio cuerpo visible desde fuera, constituye "lo superficial", lo externo, el espejo.

Volcarnos a vivir ante lo superficial sin construir o dedicarnos a nuestros estados emocionales internos, es alimentar constantemente sentimientos de carencias, de vacíos de situaciones sustanciales, que ya hemos podido ver se tratan de necesidades de estar en nosotros, para contemplarnos y ver la coherencia de lo que tendemos a vivir y hacia lo que tendemos a volcarnos o aplicarnos.

Esta necesidad de revisión de nuestras vivencias, desde un estado de intensa calma y desapego de afectaciones emocionales, es similar a lo que la propia vida presenta ante nuestra conciencia al final de nuestra encarnación, de nuestra vida en la materia o en cuerpo físico, pasándonos la "película" de todos los pormenores de las situaciones en las que nos hemos encontrado, a partir de lo cual estamos en disposición de reconsiderar nuestros modos hacia lo que deban y puedan ser nuestros comportamientos de acción, emoción, pensamientos y sentimientos.

El siguiente esquema nos muestra cómo en todo surge esa complementación polar precisa entre las vivencias de fuera y de dentro. Aquí, nuestro mayor "fuera" es nuestra vivencia expresada en los niveles o planos de la materialidad (vida física), y nuestro mayor "dentro" es nuestra vivencia en el plano espiritual o inmaterial.

Proceso de vidas y muertes:

Crecer es sinónimo de "aumento de complejidad", en este caso aplicado a nuestra condición de individualidad; aumento que gracias al proceso de desencarnación (apartamiento pleno de los factores orgánicos de conciencia física), nos posibilita modificar la estructura de nuestra individualidad o estructura de nuestro Ser personal. Tras cada proceso de desencarnación, la experiencia vivida pasa a "ser", a "incorporarse" en nuestra condición o instinto personal, y no solo a "llevarla encima" a modo de algo a recordar o tener en cuenta.

Vemos con esto que siempre necesitaremos regresar "a nosotros" cada vez que tengamos desarrollos "fuera de nosotros" (yo con los demás, yo en el exterior, yo en alguien, ...), y esto lo podemos hacer desde nuestra voluntariedad o forzado por el sentimiento de vacío o carencia de lo que estuvo con nosotros en nuestros "fuera".


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* Sobre la relación de Pareja Hombre-Mujer.-

Muchos son los pormenores que esta temática posibilita abordar, mas me centraré aquí en una serie de puntos sobre lo que considero de gran importancia para las "posibilidades de permanencia del vínculo de convivencia".

A mi entender, el vínculo hombre-mujer toma sentido en la necesidad de una complementación de gran (del mayor) espectro (diversidad de contenidos) en los caracteres de la personalidad de cada individuo; diferente de las posibilidades de los vínculos filiales, fraternales, de amistad, de compañerismo, etc. En el vínculo de Pareja se hace posible interaccionar en todos los aspectos de la personalidad, desde lo más externo del comportamiento, hasta en las facetas más íntimas del individuo, y es así como resulta el vínculo más conflictivo a saber llevar con acierto.

Además, por ser el vínculo en el cual puede darse mayor contenido de vivencias emocionales, donde lo sexual cumple importantísima función, la influencia recíproca es la de mayor poder.

¿Por qué de la necesidad de vínculos? Por la sencilla razón de que "nada evoluciona si no interacciona", y el sentido de la vida es evolucionar, ampliar la complejidad de toda estructura viviente para la amplificación de sus niveles de conciencia, de los niveles de "conciencia de Ser" que todo es (todo es Ser). La interacción surge automáticamente cuando nos relacionamos con algo o con alguien.

En ello ocurre (se da) una influencia recíproca entre las energías que constituyen la realidad existencial de cada uno de esos elementos (tanto cosa como individuo) que se ponen en contacto (físico o mental). Aunque más que una mera influencia, ocurre siempre un "trasvase", un movimiento de ubicación de la energía, donde una parte de la de un sujeto se desplaza a intervenir en el otro sujeto, y otra parte (energética) del segundo sujeto pasa a intervenir como si fuera propia (esa energía que se "desplaza") del primer sujeto.

Esas energías a las que me refiero al tratar sobre los trasvases entre individuos, son las expresiones energéticas de lo que en otros niveles de contemplación denominamos "valores humanos" o modos posibles del comportamiento (físico, emocional, intelectual y sentimental). Con estos trasvases de parte de uno hacia el otro, se hace posible la reconducción de las inercias de cada personalidad, es decir, se posibilita el cambio de dirección de un sujeto en las áreas de su comportamiento. Cambio concreto que puede ocurrir mientras el vínculo se mantenga.

Se entenderá por "vínculo" los diferentes modos de "lazos emocionales" (modos a través de los cuales puede expresarse algún tipo de emoción) que pueden surgir entre dos sujetos, o de un sujeto hacia algún elemento de naturaleza o especie distinta a la de aquel. No precisa que sea vínculo "positivo" (de aceptación, cariño, estima, ...), sino también negativo (de rechazo, odio, menosprecio, etc.).

Donde intervengamos con "pasión" (fuerte expresión emocional) surgirá un potente lazo emocional, y con él un potente canal para posibilitar trasvases importantes de energías; trasvases en sí que es lo que constituye el "lazo", el vínculo o factor de enlazamiento de las posibilidades energéticas de ambos. Los vínculos pueden establecerse y/o mantenerse tanto en los niveles de la acción material, como en el sentimiento. Este último es el que con más fuerza y permanencia los constituye.

Otro sentido profundo que tienen estos trasvases, es el de que cada individuo del grupo pueda alcanzar la posibilidad de aumentar en sí (cultivar o expresar en él) de aquellos valores (modos de intelectualidad concreta, modos de arte concreto, pericias técnicas, habilidades en ciertos modos de sus expresiones, desarrollo del optimismo, de la esperanza, de la caridad, de la solidaridad, de la insolidaridad, de la avaricia, de la espiritualidad, del materialismo, etc.) que desea intensificar, tomando más porción de ellos de la despensa colectiva (de dos o más personas), así como apartar de su tendencia de comportamiento aquellos otros valores que desestima para sí, dejándolos libres en la despensa colectiva para uso de los otros individuos.

Y esta es la gran ayuda que unos a otros nos hacemos, a través de esa despensa energética que resulta de la puesta en común (ocurre en los niveles subconscientes) de las capacidades o tendencia de canalización de los individuos de un grupo.

"Despensa común" que puede originarse gracias a que los valores que constituyen aquella no son propiedad de nadie en particular, sino que sobre ellos existen mayor o menor inercia o posibilidad de canalizarlos o expresarlos por unos u otros individuos. Ver en el apartado "No pretendamos ser los directores del destino de otros" lo que expreso sobre esas energías vivas que son los valores psíquicos.

Cuando digo "valores", me refiero a todo modo de comportamiento físico o mental de la especie humana, tanto en negativo como en positivo, pues el que resulten consecuencias negativas o positivas (y el que se considere acto positivo o negativo) va a ir en función de la interpretación o juicio que cada cual, personalmente, haga en base a sus criterios, experiencias o espectativas de vida, pudiendo los resultados de los juicios sobre una misma acción ser de índoles contradictorias, como ya sabemos que ocurre hacia la consideración de todo acto vital.

Para comprender el sentido que debe cubrir la relación de Pareja, es importante considerar lo siguiente: "Aquello que nos unió es posible que se torne, con el tiempo, en aquello que nos separará". Nos unió la consideración en el otro de valores que nosotros carecíamos. Pudo enamorarnos aquello del otro que nosotros alcanzamos a valorar porque era algo que nosotros no poseíamos pero que estimábamos interesante.

Mas el objetivo del encuentro, del vínculo, no era el permanecer en esa admiración del valor en el otro, sino que gracias a la comunicación de los desarrollos de los modos de ser de cada cual, ir haciendo posible que la cualidad del otro fuera creciendo (desarrollándose o pudiéndose expresar) también en nosotros. Un ejemplo de polaridad a reconciliar puede ser la capacidad de versatilidad en la expresión hablada en uno, y la dificultad de expresión dialéctica en el otro.

Cuando se establece comunicación de lo que desarrollamos con la condición que nos diferencia del otro, es decir, cuando compartimos con la pareja los desarrollos o expresiones de nuestra peculiaridad, nuestras propias experiencias personales van pasando al área de posibilidades de experiencia del otro, y nuestra pareja se va enriqueciendo de nuestro propio enriquecimiento.

Con ello, poco a poco vamos acortando distancia o diferencias en las posibilidades de vivencia o expresión entre ambos. Vamos alcanzando a percibir, comprender y sentir lo propio del fruto de esas experiencias que se comparten en la apertura comunicativa.

Pero si, por el contrario, no se da esa comunicación del fruto o circunstancias de las experiencias de cada cual, cada uno de ellos se va polarizando (extremándose) cada vez más en su modo peculiar de ser, distanciándose progresivamente incluso de la posibilidad de ser comprendido por el otro y, en definitiva, siendo cada vez más extraños uno para con el otro.

Dado que aparte del enamoramiento, flechazo o el apelativo que deseemos dar a la razón de nuestro enlace con nuestra pareja, también se da el enlace motivado por complementaciones de carácter energético, tanto en lo que respecta al magnetismo o complementación de la energía en sí, como también y especialmente por la complementación de los valores que cada miembro de la pareja tiene mayor capacidad de canalizar o expresar, es muy importante que cada miembro se mantenga en el cultivo de aquel valor o condición que siga alimentando la polaridad que él aporta al grupo (la pareja), a fin de no bajar considerablemente en sí mismo la cualidad del potencial energético que le caracteriza y que motivó la relación.

El efecto de la constante interacción entre los miembros de la pareja ha de ser considerada de forma análoga a lo que ocurre entre los polos de una batería (o una pila); y es que la diferencia de potencial (entre los potenciales de cada signo), que es el factor de atracción, tiende a reducirse, a neutralizarse, decayendo los elementos que alimentaban la atracción, y la relación podría llegar a un punto cercano al cero, donde lo rutinario y la falta de estímulo a compartir (no hay novedades energéticas que lo nutran) sumergieran a la pareja al mero llevar adelante las responsabilidades contraídas, pero no a vivencias emocionales de atracción recíproca.

Es por ello que se hace preciso que cada miembro continúe cultivándose en los marcos específicos que le sean propios y diferentes del otro miembro, para no disolvernos en nuestra peculiaridad. Mas cuidando que esos marcos o desarrollos diferenciados del otro, deben no entrar en contradicción con ninguno de los marcos o facetas a desarrollar con nuestra pareja.


En la necesidad del desarrollo personal que alimente los modos peculiares o valores personales de cada miembro de la pareja, se asienta también la tendencia hacia el sentimiento de Libertad que todo individuo precisa expresar en sí. En el capítulo sobre "las bajonas de energía" se expresaba cómo la onda vivencial nos fuerza a sumergirnos en la consideración de nosotros mismos como complemento de lo que tendemos a vivir fuera de nosotros, en el campo colectivo, con los demás.

Respecto de las vivencias con la Pareja, además de la necesidad de situarnos ante nosotros mismos cíclicamente, como veíamos en el capítulo anterior, precisamos cultivarnos hacia nosotros mismos dentro de nuestras vivencias en lo exterior, que es lo que el sentimiento de libertad viene a decirnos, que no es expresivo de la no conveniencia del vínculo de Pareja, sino de lo necesario para equilibrarnos en nuestras relaciones de "fuera".

Proceso de la vida en Pareja:

Lo que viví como "Yo en los demás", debe desglosarse en estas dos partes o modos complementarios: Yo en mi Pareja, y yo en "el resto". Ambas son vivencias del "fuera". La aplicación a la Pareja ha de considerarse como esa parte de aplicación hacia fuera que queda, no obstante, dentro de mí (sus frutos revierten hacia mí de una forma muy diferente a lo que me aplico al resto de individuos).

Se trata de un proceso especial del saber estar fuera, por la intensidad de factores que me posibilita compartir (implicarme en abrir de mí hacia otro ser). Este estar fuera, en las vivencias de Pareja, aparte de requerir compensarse con vivencias de mí ante mí, precisa también de salir fuera de la pareja (el "sin ti" de la imagen), para dedicarme a otros factores de relaciones que me enriquezcan en el desarrollo de individualidad, ya que en la Pareja tiende este último a diluirse y, con ello, la dispersión de las propias posibilidades de atracción entre sus miembros (la realidad energética tiene más fuerza que los estados emocionales que deseemos mantener).

Los sentimientos de atadura son los generadores de los de la falta de Libertad, y nos sentiremos atados cuando percibamos no desarrollamos todos los aspectos que consideramos importantes de nuestra personalidad, donde el vivir en Pareja no debe ser obstáculo, siempre y cuando no haya contradicción entre los contenidos de vivencias fuera y dentro de la Pareja.

Respecto de lo que hablábamos sobre cuando se da un distanciamiento o imposibilidad de la comunicación en la pareja, donde cada cual se polariza o extrema en sus modos, lo peculiar del otro extremado tanto en él será insoportable para nosotros, ya que alcanzará a ser la expresión abundante de aquello que nosotros carecemos y que en nosotros ha empezado ya a ser acuciante el poderlo expresar o hacer uso de esa cualidad o habilidad, cuya torpeza en nosotros ya nos duele.

Cuando el otro exprese su habilidad respecto a nuestra carencia o torpeza, nos hará sentirnos mal, y se originarán reacciones no oportunas o desagradables de uno hacia el otro. En definitiva, nos irá alejando o separando de él.

Esta última circunstancia irá alimentando el desinterés y menosprecio por la cualidad que en el otro se extrema, con lo cual la posibilidad de comunicación se hará cada vez más difícil, habida cuenta de que lo fundamental que requiere una comunicación es el tratar cuestiones de las propias vivencias (emociones, espectativas, proyectos, responsabilidades, inquietudes, realizaciones, etc.).

Pero para esto es necesario que en cada cual exista respeto por los modos y motivaciones del otro. Y no solamente respeto, sino también consideración del valor que para el otro tiene, estando dispuestos a apoyar lo que el otro precisa de uno para poder abordar con mayor acierto o eficacia sus pretensiones.

Mas para que esto pueda darse, es necesario que entre las motivaciones del uno y del otro no existan posibilidades de contradicción, para que puedan ser aceptadas como integrantes de los marcos del otro, y menos contradicción aún en lo que ambos tiendan a vivir o expresar conjuntamente.

Visto lo trascendente de la Comunicación amplia y total entre los miembros de una Pareja, ya que aquella permite a cada individuo sacar de sí los contenidos de todas sus vivencias (la carga emocional que todo acto vital genera), y que en la Pareja alcanza una amplitud y profundidad que no puede darse en la relaciones filiales o fraternales o de mera amistad o compañerismo, o profesionales, etc., el mantener lazos de Pareja sin comunicación, por el hecho de contentarse al menos con ciertas vivencias emocionales, sobre incluso las que no poder expresarse con plenitud, irá generando en nosotros algo similar a lo que le ocurriría a un individuo que estuviera sediento de agua y, en lugar de un poco de ella al menos, se le suministrara una cucharada de azúcar (análogo a golosina), que en el fondo le terminara aumentando su necesidad de agua.

Y es esto lo que conseguimos cuando continuamos accediendo a "golosinas" emocionales que nos desestabilizan cada vez más, pues aumenta la generación de situaciones emocionales que engordan el caudal ya existente y nos asfixia cada vez más.

Ya se concretó que el acto de vivir es la "generación de emociones", que al mismo tiempo que van construyendo nuestra estructura de conciencia, precisan ser sacadas o excretadas de nosotros (tras su digestión y asimilación), y que sus acumulaciones en nuestro interior terminan produciendo asfixias vivenciales, que terminarán corroyendo aspectos esenciales de nuestra estructura personal, tal como de un vulgar cáncer se tratara.

El objetivo de la vida es Crecer, y esto se consigue en la búsqueda constante del Equilibrio, que surge a partir de conseguir excretar todo lo ingerido, dejando sólo en nuestro interior la Estructura de la Experiencia, a quien no le basta sólo la Vivencia, sino también el Compartirla. En ello se va constituyendo nuestro Ser.

Así pues, podemos ir concretando que la relación se Pareja se establece desde la necesidad de complementar determinados aspectos de nuestra personalidad (lo que encontramos en el otro como diferente a lo nuestro y necesitado de añadir a nuestra vida), mas no para que se mantenga siempre fuera de nuestras posibilidades de expresión, ya que terminaría en nosotros generando aún mayor necesidad de ello y ocasionando distorsión o rompimiento de la relación, sino para irnos enriqueciendo de aquellos gracias a la Comunicación que nos posibilita compartir las experiencias de cada cual.

Para un considerable enriquecimiento de dicha comunicación, entre ambos miembros de la pareja debe establecerse un amplio canal de trasvase; canal que lo estructuran las aperturas emocionales (de emociones y sentimientos) que entre ambos se desarrollan, donde los modos de las relaciones sexuales adquieren mucha trascendencia. Y para que no se agote el caudal de la mutua atracción, en ambos debe mantenerse un alimento del desarrollo personal diferenciado del otro, pero que no entre en contradicción con algunos de los aspectos que desean vivirse dentro de la pareja.

Alcanzar a ver qué nos posibilita el otro intensificar en nuestros modos de ser (por lo que de sus modos alimenta algo de lo nuestro), y qué tiende a disminuir en nuestras posibilidades de expresión (por ser algo que neutraliza en nosotros o que ahora pasa a sus modos de expresión), es algo muy importante, para comprender el sentido de la relación y lo oportuno de la misma. Podremos ver que siempre hay equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos, aunque para ver aquel haya que contemplar a cada cual en todas las facetas (internas y externas) del comportamiento.

En vista del párrafo anterior, ocurrirá que siempre a nuestro lado se encontrará la persona ideal que encaje plenamente con nuestros modos y necesidades internas. Si buscamos algo diferente, sabemos que habremos de modificar algo de nuestras tendencias y hábitos (especialmente los internos), ya que todo nuestro exterior no es más que aquello que la sabiduría de la vida nos trae para envolvernos y, así, poder percibirnos.


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* Dualidad Aciertos--Desaciertos, ... Inteligencia--Torpeza, ... .-

Sepamos que allá donde mantenemos una lucha se está expresando nuestra necesidad de superar algún aspecto nuestro de debilidad, de torpeza, de ... desacierto. Y surge tal aspecto de deficiencia por lo que en alguna otra condición de ser de nuestra personalidad insistimos en mantenernos en alguna fortaleza (prepotencia, superioridad, seguridad, ...) respecto a alguien o ante alguien (uno o varios)

Pongo por ejemplo la situación de una persona que, mostrándose muy inteligente en los modos de llevar una empresa (negocio), hasta el punto de hacerse imprescindible para la eficacia organizativa de aquella, mostraba por otra parte una imposibilidad total de saberse situar con coherencia y dignidad en su relación afectiva, precisamente con la persona ante la que por el otro lado se mostraba tan eficiente en lo empresarial. Es decir, que mientras se percibía a sí misma tan eficiente en una cosa (la dirección empresarial), se percibía también tan desastrosa en otra (la dirección de sus vivencias afectivas).

El problema no está en el desarrollo hiper de algo (esto no tiene por qué ser negativo), sino en el tratar de "mantenernos" en esa condición de supercualificación, no dejando con esto la opción de capacitación del otro, que buscará (generalmente de modo subconsciente) descalificarnos en otro algo.

Si bien existe contradicción en las aplicaciones financieras y las aplicaciones afectivas, donde se requiere de actitudes de vida diferentes y, por tanto, poder comprender desde esta óptica el caso expuesto, también este caso es un modelo de cómo interviene la dualidad que en toda expresión vital existe: Todo lo que desarrollemos de "hiper" (exceso) en algo, se habrá de corresponder con un "hipo" (defecto) en otra área.

Esta dualidad, además, tenderá a surgir muy cerca de aquello donde expresemos nuestro hiper; quiere decir que posiblemente surgirá hacia la misma persona o marco donde nos expresemos, aunque en faceta distinta de nuestra aplicación hiper.

Aprenderemos con esto que no debemos "mantenernos" persistentemente en la emoción (contento o entusiasmo) de nuestras positividades (capacidad o inteligencia en algo), para no tener que experimentar la afectación (descontento o desánimo) de alguna negatividad (incapacidad o torpeza en algo). Con nuestras persistencias generamos apegos y dependencias con los demás (que alimentan luchas en los niveles latentes -potenciales internos-), y ante nuestras debilidades generaremos contiendas que nos posibiliten salir de nuestra inferioridad ante alguien.

Nuestras luchas expresan intentos de sobreponernos o de mejor situarnos en nuestra propia consideración cuando apreciamos de nosotros alguna deficiencia. Y también, esfuerzos por cambiar en alguien o en otros algo que no soporto dentro de mí, que en definitiva es una debilidad en controles o superaciones de mí mismo. Por ejemplo, reacciono ante la violencia cuando dentro de mí existe capacidad de violencia (violencia de algún tipo: física, de pensamiento, de palabra o de sentimiento).

Trabajarme mi propia tendencia a algún modo de violencia sería mucho más rentable, y esto me llevaría a aceptarme como soy, lo cual conllevaría el no precisar de lucha externa para ponerme por encima de la valoración de otra persona; es decir, que en base a mi propia aceptación, no preciso desarrollar guerra alguna (en definitiva violencia) de estimaciones personales.

La violencia es expresión de la deficiencia de nuestra comprensión y de nuestra aceptación de los modos de los demás, sobre los que no tenemos que erigirnos jueces, entre otras cosas porque mi no aceptación ni comprensión de los demás, tiene sus raíces en la no aceptación ni comprensión de mi propia persona.

Nada está deshilvanado o desmembrado del proceso interno de cada alma, y en esta comprensión, todo tiene su razón de ser desde la propia realidad interna de la persona que hace o que recibe, es decir, que obramos en sintonía con los modos de vibración de nuestro interior, y percibimos o recibimos de los demás también en función de los modos de nuestra vibración interna.

Un modo claro de violencia (por lo que de pugnas internas y, más tarde, externas ocasiona) es el mantenernos en una condición de inteligencia (o de capacitación) por encima de alguna otra persona específica, pues de ésta irán surgiendo procederes hacia nosotros o hacia algo que nos afecte, que irá poniendo en evidencia alguna otra capacidad de nuestra personalidad, de donde irá apareciendo una clara confrontación de poderes y, en definitiva, una lucha o guerra para tratar de quedar uno por encima del otro, por la necesidad de autovaloración que todos precisamos.

El ejemplo que aparece al principio de este capítulo contiene esta particularidad, que aplicada hipotéticamente a mi persona sería así: Mi prepotencia en la dirección empresarial, posibilita al otro generar el caos en mi relación afectiva, siendo este otro quien dirige ahora tal relación. Yo dirijo lo empresarial y en ello me complazco (y me autovaloro), y el otro dirige lo afectivo y en ello se complace, ya que en sus formas obtiene lo que desea en los modos de la relación, mientras que yo en esto encuentro una situación de caos e insatisfacción.

El esquema que sigue, de la "Onda Vital", trata de expresar la situación bipolar que todo posee, indicando de un modo algo diferenciado respecto de los esquemas anteriores, la importancia de saber ir combinando vivencias en nosotros (ante nosotros mismos) y vivencias en los demás (con los demás), para que nos demos cuenta de la importancia (de la necesidad) de aplicarnos a la atención de nuestros interiores tras cada vivencia importante en los exteriores, para que desde nosotros mismos (percibiéndonos por dentro) vivenciemos y contemplemos lo que se presenta como carencias o soledades de situaciones con lo de fuera.

En nuestro interior hay aún más luz (más intensidad de vida) que en nuestro exterior, pues en el interior ya Todo Es, y en lo exterior ese Todo está aún en proceso de manifestación. Así pues, aprender a situarnos en todo desde nuestra contemplación interna (desde lo que vayamos consiguiendo ir percibiendo de nuestros aconteceres internos), nos irá enriqueciendo hacia los modos de nuestras aplicaciones vivenciales, pues iremos alcanzando mayor coherencia entre lo que somos intrínsecamente y lo que buscamos o logramos alcanzar con nuestros actos físicos y mentales, ya que serán estados de paz y serenidad lo que vayamos consiguiendo en nosotros para, desde ellos y con ellos, aplicarnos a las vivencias externas. En esto consiste la madurez humana.

Proceso de vida de la relación humana:

El "saber vivir" consiste en ir alternando nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, sabiendo lo que la vida nos pide en cada situación. Sabremos que toda vivencia dentro del área con los demás, donde desarrollamos las posesiones y los entusiasmos por lo que vivimos a través de los sentidos externos, debe corresponderse con situaciones de carencia de alguna índole, de la misma intensidad o grado vibracional con el que vivimos la posesión, pero no será para situarnos en sufrimientos o nostalgias, sino para ir percibiendo la coherencia que lo vivido fuera tiene con lo que precisamos sentirnos por dentro.

Vivir consiste en experimentar estados, mas nunca en poseerlos. A toda vivencia de estado externo corresponde otra de estado interno, donde debemos aprovechar para situarnos en nosotros, en la vivencia de nosotros mismos, dando vida a nuestros sentidos internos, que captan otros valores de vida.

Todo lo que vamos viviendo fuera, en ese mismo instante genera una carencia de la cualidad de tal vivencia (todo lo que nace o se expresa aparece con una bipolaridad contrapuesta) en otra criatura y, al mismo tiempo, ese factor de carencia se almacena en nuestro estado potencial, lo cual exige que nosotros la experimentemos luego, en algún otro momento.

Respecto a dicha carencia, como de lo que se trata es de experimentar estados de carencia, podrá venir a través de otra cualidad de ser, pero de significado análogo, como por ejemplo inteligencia en algo (lo que poseímos) y torpeza en otra cosa (lo que nos cuesta poseer).

Los rombos de la figura anterior muestran cómo toda vivencia de una polaridad (según la intensidad o grado de profundidad del fuera o del dentro) genera un estado potencial de igual intensidad en el signo o vibración contraria. Ver la correspondencia de simetría de los distintos sectores simétricos de cada mitad de los rombos.

La intensidad de "luz" con la que vivimos una situación (bien en nosotros o en los demás), se corresponde con la intensidad de "sombra" que se almacena en nuestras vivencias latentes (polo de nuestras vivencias futuras); vivencias latentes que deberemos saber aplicar al plano que corresponda de complementaridad, es decir, a estar con nosotros mismos cuando la latencia fue generada en una vivencia externa, y a aplicarnos a los demás cuando la latencia fue generada por una intensidad hacia nuestro interior.

Es de esta misma manera como operamos fisiológicamente en nuestras funciones vitales, donde el acto respiratorio es el más claro modelo: inhalamos para tomar de los demás, y exhalamos para aportar a la atmósfera colectiva. Ni sólo tomar ni sólo aportar, pues en la mutua interacción está el proceso de la vida.

Cuando alcanzamos a situarnos en la condición de estabilidad que aporta saber vivir desapegadamente tanto del estar fuera como del estar dentro, alcanzamos un estado vibracional de Serenidad interior o de Paz, que consiste en, desde ese estado de desapego pero abiertos a los procesos que la vida nos va trayendo, abordar éstos sin condicionamientos, sabiendonos ser siempre en nosotros, en nuestra confianza y estabilidad emocional, y en la apertura natural hacia los demás; es decir, sin condicionar y sin condicionarnos, actuando desde nuestro sentir y entendimiento, y permitiendo a los demás sus modos naturales de ser, única manera de terminar con las confrontaciones generadoras de todo tipo de violencia.

Con esto, permitimos a los demás que puedan hacer uso del valor humano que precisen, sin generar dependencias hacia nuestra persona (hacia nuestro ego), ayudando así de mejor manera al proceso de desarrollo de todos. Cada vivencia no solo enriquece a quien la hace, sino que pasa a formar parte de las vivencias del colectivo, cuyos frutos están a disposición de quienes se entrenen a poder experimentarlos.

Yo seré inteligente cuando sea preciso, en la situación que sea de mi responsabilidad, pero en las áreas de responsabilidad de los demás deben ser ellos los que canalicen tal condición cerebral o mental; no tengo necesidad de demostrar nada que no sea realmente necesario hacia la armonización de mi ser; las servidumbres al ego son la fuente de desestabilización de las relaciones humanas y del propio ser.


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* ¿Amor incondicional ? ... .-

¿Qué problema hay que queramos, que amemos, a pesar de que aquel a quien profesamos amor no nos corresponda? ¿Tiramos con ello perlas a los cerdos? El único problema que surge de esto es si nos afectamos emocionalmente porque no nos muestre amor, y será indicio de que no estamos amando, sino actuando para recibir a cambio un comportamiento del otro distinto a sus propios modos.

Nuestro compromiso para con la vida no es el cambiar los modos de los demás, sino educar (ir transformando) los nuestros en función del concepto que vayamos desarrollando sobre lo que la Vida es.

El pedir correspondencia a los demás no se ajusta al proceso de la vida. Nuestro compromiso con la Vida es que somos nosotros mismos los que tenemos que ir siendo coherentes (actuar en coherencia) con lo que sentimos en nuestro interior.

Y lo que salga de nosotros hacia los demás no tiene por qué llegar a donde (a quien) nosotros pretendemos (para que actúe en consecuencia a lo que le damos), pues quizás en esa criatura no existan condiciones para recibir lo que deseamos darle (o simplemente no lo quiere de nosotros); mas no importa, pues nada de cuanto salió de nosotros se habrá perdido si realmente surgió desde nuestro sentimiento y no fue un mero teatro o estrategia de comportamiento.

Lo dirigido desde nuestro sentir interno llegará a aquel donde sí encaje nuestra acción, aunque no seamos testigos de tal recepción ni sepamos de qué persona o situación se trata, cosa la cual tampoco importa, pues sólo satisfaría al ego que desea conocer de la eficacia o validez de lo que dimos o hicimos; debemos educarnos en bastarnos con la vivencia de nuestro propio sentimiento proyectado y su condición de sinceridad.

Nadie tira en saco roto algo de cuanto hace en los modos de relación con los demás. Todo nos revierte con el mismo valor real (signo o vibración del sentimiento) con el que emitimos cualquier acción externa o interna. La única dificultad viene a estar en que no necesariamente nos llega el fruto del mismo árbol que regamos con nuestra acción o sentimiento, ya que el proceso de dicho árbol puede estar ajeno a nuestra influencia, pero aquel riego irá a otro árbol, a otro ser, que sí pueda estar en analogía vibracional con nuestra onda emitida.

¿Nos llegará el fruto de nuestra emanación a través de aquel que sí la recibió? Es posible que sí, pero también pudiera ocurrir que no y que la onda de nuestra acción tuviera aún un recorrido más amplio, circulando por algún otro ser antes de dirigirse a nosotros sus resultados a través de este último.

¡Qué más da, si sabemos que todo revierte hacia sus orígenes, hacia su creador! Lo que emitimos hacia otros terminará envolviéndonos, pero ¡ojo!, será de la misma cualidad que la del sentimiento sobre el cual discurrió la acción. No importará lo que se hizo ni el pensamiento que pusimos en ello, sino el sentimiento interno con el que se hizo.

En esta razón se asienta el plantearse la importancia de cuidar de nuestros estados internos, desde los que surgen las repercusiones de todo cuanto hacemos y de lo que más tarde o temprano nos llegará como fruto. Y teniendo esto en cuenta, qué debe importarnos el que acepten o no nuestro amor, si lo que nos vale es el sello de veracidad, naturalidad y honradez que lo acompañe y no el deseo de manipulación (posesión, dominio, control, uso, etc.) de aquello o aquel hacia quien lo dirigimos.

Procuremos no ejercer condicionamientos en aquello hacia lo que tratamos de expresar amor, que esa misma condición de sinceridad nos hará ver lo quizás oportuno de dirigir ese amor hacia otro lugar, persona o circunstancia, y sin tener que arrepentirnos de tiempo alguno perdido, pues su fruto existirá.

Ejercitarse en el amor incondicional (amor que no condicione, sin pretensiones en el otro) es trabajar por esa onda interpersonal que armonice a toda criatura que desea crecer en la conciencia de su ser interior de paz, de concordia y solidaridad con todo cuanto constituye el universo. Trabaja por "ser" más en ti, que el "tener" más en ti o contigo; con lo primero serás solidario; con lo segundo generarás confrontaciones.

Para ejercer amor habremos de saber qué es amar, lo cual es dar de "lo que somos", y para ello habremos de conocer qué somos y "ser de ello cada vez más". Nuestro don más preciado es la Paz, base de la felicidad del alma, y aquel se cultiva procurando posibilitar paz a los demás. En esta labor estaremos fácilmente dados a perderla a veces en nosotros, pero hemos aprendido a cultivarla dentro de nosotros con lo que más arriba se ha ido comentando, procurando coherencia entre nuestro sentir y nuestro obrar, entre lo que vamos descubriendo de nuestra condición intrínseca y nuestras pretensiones o expectativas de vida.

No temamos, pues, dar de lo que creemos que somos (nunca es nuestro lo que creemos ser), que todo ello no es más que algo de lo que disponemos, y nuestra capacidad de disposición crecerá con ese darlo, y no para que seamos más, sino para que tengamos más para dar, y más que simplemente ser seamos amor, que es la verdadera naturaleza del ser.


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* ¿Somos algo diferente de nuestros Pensamientos?

Cuando observo mi pensamiento, lo que de mí observa el pensamiento que llega a mi mente ¿es algo distinto o separado de mis propios pensamientos? ¿u otra área de mi mente? ¿o un aspecto diferente de mi ser? ...

Concretemos primero que los pensamientos son energías vivas, independientes de mí (de lo que yo soy), creadas en base a la actividad mental de todo el proceso humano desarrollado en la atmósfera terrestre (01).

La actividad mental tiene como propósito la generación de conciencia que posibilite el conocer lo que somos (02) en nosotros y en nuestro entorno (lo que soy y lo que somos), ya que nuestro surgimiento existencial se inicia como brotes de esencia diferenciados (03) dentro de la substancia (esencia) madre que a todo nos contiene (04).

Somos creados por el propio sentimiento de expresión diferencial de los infinitos contenidos de la esencia primigenia, constituyéndonos desde ese instante en individualidades únicas (diferentes) (05).

Nuestro camino de concienciación diferencial generará el campo de sensación de separatividad, de donde surgirán los sentimientos de confrontación (06), que como objetivo fundamental contienen las bases del autoanálisis diferenciado, gracias a la percepción de las expresiones de las demás individualidades.

Tal camino de concienciación va dando lugar al desarrollo de una estructura u organización de los valores que alcanzamos a ir consolidando en nuestras expresiones.

De esta manera voy constituyéndome a modo de un "factor estructural" con pretensiones de concienciación" (07) , que al ser algo que se sustenta sobre bases energéticas potenciales (donde se sitúa la realidad esencial o primordial), demanda de otros factores que le permitan ir percibiendo sus propios contenidos (08), y obtiene éstos gracias a la proyección de sus valores hacia planos regidos por la "direccionalidad" o confinamiento (09), de donde surge la condición de "densidad", estancamiento, limitación, caducidad, finito, precisado de las premisas de tiempo y espacio o delimitaciones de duración y ubicación (10).

Esa proyección hacia la densidad, hacia factores de limitación, al tener como objetivo la toma de conciencia, el darse cuenta de lo que contiene en sí, surge desde la simplicidad máxima, para ir recorriendo un camino hacia la complejidad, dando lugar a organismos (estructuras u organigramas vivientes) desde los más sencillos (partículas elementales) hasta los de mayor complejidad (pasando por lo que conocemos como estructuras humanas, de ya importante complejidad) (11).

Para la correcta interpretación de los valores contenidos en esas estructuras de personalidad (en lo que hemos llegado a ser en estructura o capacidad de conciencia), se hace esencial la contemplación de lo que dimana de las mismas (de nosotros), y de esta manera ir conociendo de sí por lo que brota de sí mismas (sus obras, sus influencias, ...), ya que ellas en sí son la potencialidad esencial, pero se trata de conocer el proceso del potencial individual que va consiguiendo expresarse dentro de su carácter de diferenciación (12).

Los modos de pensamiento que canalizamos y que elaboramos, así como los actos, emociones y sentimientos que pasan por nuestro haber vivencial, tienen como misión el darnos a conocer "la cualidad de expresión desarrollada" como individualidad, que no es otra cosa que "lo que viene a mostrársenos" (como proveniente de fuera) de nuestra propia condición alcanzada, y todo ello viene a configurar el marco "que percibimos" como nuestro entorno o circunstancias, ya que pensamientos (los nuestros), actos (los nuestros) y circunstancias (lo que percibimos de ellas) son los distintos planos de una misma condición personal (13).

De todo ello, nosotros somos esa chispa o factor esencial que anda promoviendo lo que en cada proceso de su propio desarrollo de conciencia va precisando su organigrama discernidor de sí mismo (14).

Todo lo que ocurre en los campos de expresión de las individualidades, brota del factor común esencial, es decir, de las posibilidades de la substancia que es común a todas ellas, y al tener como objetivo los reconocimientos de sí mismas, cada una de ellas irá expresando lo que es propio de su proyección interna (lo que dimana de la esencia a través de cada individualidad). Con ello, se va dando lugar a un campo colectivo de confluencia de las proyecciones internas, que termina configurándose en lo que podemos llamar la atmósfera psíquica planetaria (área que ahora consideramos), donde se almacenan las energías que llamamos pensamientos. En ello podemos ver la importancia de la consideración tanto de lo individual como de lo colectivo, pues ambos son interdependientes (15).

Como miembros que somos de una misma esencia base, según la cualidad o posibilidades del organigrama (estructura de conciencia) desarrollado por cada cual, iremos haciendo uso de esas diversas formas de la energía mental para seguir elaborando nuestro personal recorrido de discernimiento, y lo haremos de la misma manera que pudiéramos hacer con las diversas piezas de un mecano, sobre las que podemos intervenir para reproducir lo ya existente o, y en esto consiste la evolución personal y planetaria, para elaborar nuevas formas de pensar o de concebir la realidad y, con ellas, nuevos modos de desarrollar comportamientos.

Los modos de pensamiento que aparecen en nuestra mente, nos dan a conocer la existencia de aspectos de nuestra estructura que reclaman o se motivan por vivencias de tal condición, incluso cuando realmente no haya posibilidad de materializarlos debido a la condición global de nuestra estructura (condición mental o corporal). Con ello alcanzamos a conocer todo lo que en nosotros debe ir siendo reconsiderado, por lo que de tendencia a vivenciar contiene, por muy minúsculas que sean sus áreas.

Lo que percibo como "mis circunstancias" (lo que me rodea psíquica o físicamente), viene también a mostarme el modo de la estructura personal elaborada (mi condición conciencial), y más concretamente la parcela (área) de ella que en mí está interviniendo (16).

No son, pues, mis circunstancias la realidad existencial, sino mi percepción (interpretación) existencial. Por tanto, también vienen mis circunstancias a mostrarme los aspectos que de mí están interviniendo, como ocurría con los pensamientos. Ambos, pensamientos y circunstancias, debo concebirlos como informadores de lo que en cierto momento (tiempo) está mostrándose e interviniendo de mí, de algún aspecto de la condición de mi individualidad. Por tanto, no tienen validez en sí mismos (del significado en sí de lo que hay fuera), sino por lo que de mi situación o condición circunstancial expresan.

Con lo anterior vamos viendo que todo nuestro exterior (pensamientos, sensaciones, corporalidad y circunstancias) va cobrando sentido en la consideración de lo que voy desarrollando en mi interior, en la declaración (denuncia o manifestación) de lo que voy alimentando de la condición de mi ser. Y en ello encajan también las consideraciones que voy alimentando en mí sobre lo que concibo de los demás, pues de ellos iré observando, no la realidad que en ellos exista (como viven ellos su situación), sino la interpretación que elaboro de ellas en mí, donde mis propios esquemas se erigen en constructores y, al mismo tiempo, jueces de aquellas.

Los demás, no son para mí lo que en ellos son objetivamente (sus propias consideraciones), sino lo que son desde mi propia subjetividad, desde mis propios esquemas de conciencia desarrollados. Por tanto, los demás vienen a "hablarme de mí" por cuanto que lo que de ellos observo tiene que ver con la condición de mis propios esquemas o condicionamientos. Observo aquello hacia lo que soy sensible y que el otro despierta en mí (17).

Con todo esto podemos ver que si bien es una realidad la existencia diferenciada de los demás, lo que "nos llega" de todos ellos va a depender de nuestros estados internos, de nuestras motivaciones internas. Y en esto cobra sentido el criterio de que los demás son nuestro propio espejo, mas no por lo que son en sí "desde ellos", sino por lo que ellos son "en nosotros". Y esto va referido también a los pensamientos, las características de nuestro cuerpo, y todo aquello que percibimos nos envuelve (circunstancias de todo orden).

Tratar de percibir o concebir a los demás (todo lo demás a mí) como aspectos complementarios de mi realidad existencial, que me ayudan a saber de mí, pero diferentes en sí y por sí mismos, nos llevaría de las luchas de poderes e imposiciones, a la tolerancia, y de las competencias y enfrentamientos, a la solidaridad y a la paz (18).

 Llegado a este punto, siento que lo que de mí se constituye en testigo de mis pensamientos y de las emociones que suscitan mis vivencias, es un aspecto de mi ser diferenciado de ambos (del pensamiento y de la emoción), creado por el propio brote esencial que soy, haciendo uso del lenguaje de mi propio esquema de conciencia desarrollado en esta dimensión de densidad en el cual interviene hacia mi ser personal.

NOTAS.-

(01).- Estamos tratando sobre el proceso de desarrollo dentro de nuestro planeta.

(02).- La vida orgánica dio lugar a los sentidos, éstos a las sensaciones, y éstas al intelecto. Los pensamientos, fruto del intelecto, buscando en un principio el abastecimiento que demanda el cuerpo a través de los sentidos físicos, terminarán por aplicarse a la razón (sentido) de la existencia, donde surge la pregunta del qué somos (origen y destino), para encontrar la orientación más oportuna de nuestras aplicaciones vivenciales.

(03).- Individuos o seres surgidos a modo de brotes de una substancia común, pero cada uno de ellos con motivaciones diferentes a los demás.

(04).- No salimos fuera de nuestra esencia, sino que dentro de ella nos constituimos diferenciados, hacia particularidades diferentes.

(05).- Habiendo surgido de una misma substancia, con los mismos valores de esencialidad, sus diferentes potencialidades inician un particular camino de expresión.
Potencialidades diferentes que se expresarán como individuos diferentes, y que si bien irán pasando por los campos de experiencias de los demás (vivenciando situaciones análogas), su propia inercia potencial diferenciada lo mantendrá siempre en una peculiaridad diferente.
Por ello, aunque todos pasemos por parecidas situaciones, cada uno se enriquecerá de ellas de modo diferente, manteniéndose como único en sus modos.

(06).- Precisamos un punto de referencia para saber de algo, en este caso de nosotros mismos, para lo cual lo más oportuno es ir percibiendo de lo más parecido a nosotros, de lo más cercano a nuestras posibilidades de ser, de las criaturas más parecidas a cada uno de nosotros.

(07).- Un cuerpo abstracto, pero conteniendo en sí una organización de valores, una estructura, pero en sus niveles de potencialidad (no necesariamente manifestada en plano alguno)

(08).- Ir manifestándose ante sí misma. Manifestarse es concretarse, expresarse del modo inverso a lo abstracto. En lo abstracto está lo indiferenciado, la unidad sin limitaciones, la unicidad, la continuidad, todo a un tiempo; factores estos que imposibilitan el discernimiento (basado en las diferencias de lo separado) y la consiguiente toma de conciencia.

(09).- Direccionalidad es dirección hacia un fin u objetivo concreto, y exige la limitación o acotamiento de las demás posibilidades, lo propio de las condiciones de la materia. Esto permite concretar desarrollos dentro de las posibilidades de los contenidos de cada individualidad o estructura.

(10).- La proyección de ese desarrollo estructural mental o abstracto hacia los planos o niveles de la densidad va mostrando al propio individuo, paralelamente y para posibilitar la toma de conciencia, el surgimiento de los cuerpos a los que va dando lugar el desarrollo alcanzado por cada criatura (cada brote diferenciado de esencialidad).
Nuestras experiencias van dando "forma" (cuerpo) a nuestra personalidad (que se percibe como cuerpo orgánico en sus proyecciones materiales), que irá conformando las características de nuestra estructura o modo organizado en el que se coordinarán nuestras posibilidades de intervención o frutos de esas experiencias.
Consiste, pues, el cuerpo realmente en una proyección de nuestro plano mental valiéndose de elementos de densidad o de confinamiento (estanqueidad, delimitación y enlentecimiento), para posibilitar la percepción de los contenidos de la personalidad.
A través de sólo el plano de lo mental no alcanzaríamos a tomar la oportuna conciencia de lo que vamos alcanzando a ser, pues está regido por expresiones de mayor abstracción y dificulta la percepción de sus posibles modos de estructuración, de la cual va a depender el posible uso de los valores que contiene.

(11).- El proceso viviente no es ir "pasando por" cuerpos diferentes, sino que los cuerpos son la expresión de la condición del ser que "se expresa en" ellos.
Los genera la propia condición de los valores que viene a expresar, resultando ser la inercia alcanzada por su propia estructura desarrollada, siendo así que son minúsculas las modificaciones que aparecen entre cuerpos consecutivos de un mismo ser.

(12).- "Por sus obras los conoceréis" no es algo dicho al tuntún mientras aprendemos a ver "dentro", y esto requiere previamente un considerable desarrollo de autoconciencia interior.
Al estar conectados en nuestro interior con los valores esenciales, donde están las potencialidades de todos los modos de expresión, a través del factor mental llamado imaginación podemos alcanzar a pensar, pretender o planificar muchísimas más cosas de lo que en realidad está en nuestras posibilidades de materializar.
Es por eso que lo fundamental es considerar lo que realmente hacemos, siendo así que no valen los propósitos, sino las obras.
Con ellas mostramos lo que realmente hay en nosotros en posibilidad de ser.
Permitir en nuestra mente el flujo constante de pensamientos (lo que algunos llaman la cotorra parlante), que suelen basarse generalmente en "lo que pudo haber ocurrido pero que no ocurrió, y lo que planificamos muy anticipadamente para hacer", es estar montados en el carro de la fantasía, fácilmente dirtorsionadora del eficaz cultivo de nuestra personalidad, de la realidad de acción que tenemos que ir abordando en cada instante.
En esa cotorra o parloteo, que se embala (acelera) con demasiada facilidad, es donde encuentran facilidad de intervención nuestros miedos, descofianzas, orgullos y vanidades.
Frenar cualquier aceleración y percibir el estado emocional que estaban generando, es trascendental para ejercitarnos en recuperar estados de paz y eficacia vivencial en la necesidad de las relaciones humanas.

(13).- Pensamientos, actos y circunstancias viernen a ser como sombras de un mismo edificio (actitud de nuestra personalidad) proyectadas por focos de diferente ubicación (planos diferentes)

(14).- Nuestra alma promueve la aparición, ejecución o percepción de aquellos pensamientos, actos o circunstancias que precisamos para poder ir percibiendo lo que hay en las posibilidades de nuestra condición interna, no necesariamente para que nos mantengamos en ellas, sino para que las cotejemos con lo que andamos buscando ser en todo nuestro ser, a fin de ir trascendiendo los contenidos de cada rincón de nuestra estructura alcanzada.

(15).- Todo lo que elaboramos en nuestro interior y exterior, pasa automáticamente (como modos o energías de manifestación) al campo o atmósfera del colectivo que todos formamos.
De este mismo campo iremos tomando los pensamientos o ideas que nos irán induciendo a acciones y a estados internos. Y es así como entre individuo y colectivo se establece una constante recíproca alimentación.
El entrenamiento y atención que pongamos en lo que deseamos llegar a expresar o no expresar, nos irá permitiendo canalizar de ese campo colectivo lo más propio de aquello a lo que deseamos dar vida a nuestro través.
Y de la misma manera podemos llegar a crear aquellos comportamientos que deseamos se vayan estableciendo en las áreas de la colectividad.

(16).- Lo que percibo de mi entorno habla de la actitud interna desde la que lo contemplo.

(17).- Esto nos viene a plantear lo siguiente: Si los demás son claramente lo que yo no soy, pues en la realidad de nuestras diferencias está la razón de la existencia de las individualidades, ¿para qué puede servirme el observar a los demás para saber de mí, si ellos son lo que yo no soy? ¿cómo puedo considerar a los demás como espejos de mí?
El quid de la trama está en lo siguiente: "Cada cual puede percibir aquello que ha cultivado en sí", y esto ocurre por pura justificación física o magnética, y es que si no hemos cultivado hacia nosotros el estado vibracional que se identifique con aquello que pueda existir fuera, no habrá en nosotros la capacidad para percibirlo, ya que todo funciona por analogía de vibraciones.
Cada cual es como un receptor electromagnético que recibirá la onda que esté en la frecuencia con la que está en sintonía.
Es como aquel que no se ama a sí mismo, que no puede percibir el amor que otros le profesan o envían, pues no tiene desarrollada la sensibilidad hacia ese tipo de vibración o valor humano; no puede reconocer lo que en sus actitudes no ha cultivado; se podrá sentir bien cuando reciba de otro algo que sea favorable a su ser, pero no sabrá de lo que está recibiendo.
Podrá tomarlo como la estimulación que puede producir una ligera brisa refrescante en un día caluroso, pero no por ello dejará de motivarse por recurrir a estados de ira, a pesar del fuego corrosivo que pueda motivar en sus entrañas.
Lo que observaré, pues, de los demás, no será lo que sus actos o sus circunstancias son para ellos mismos, sino lo que mis sensores o vibraciones interpretan acerca de lo que observa, y es así como lo que yo "percibo" de los demás es lo que viene a hablarme de mi propia condición, del estado interno desde el que observo lo externo y al que estoy alimentando en mi modo de percibir.
De aquí surge la importancia de la observación de la actitud en la que en cada momento me encuentro, pues ello me irá dando razón de por qué voy percibiendo de las cosas (personas y circunstancias) lo que observo de ellas, el modo en el que me afectan y lo que tiendo a esperar de ellas o generar en las mismas.
Pongo un ejemplo de todo esto.- En el momento en el que concluía de escribir este punto 17, mi pareja viene de la calle y me hace la observación siguiente: "cómo estás trabajando sin la estufa puesta, con el frío que hace, con lo bien que estarías con la habitación más calentita".
Ella ha llegado a mí con el frío metido en el cuerpo (sumergida en la circunstancia del frío), por la atmósfera que hay en la calle; desde esa condición de frío y de necesitar un marco más calentito, ella ha enjuiciado que yo debía tener frío y que no era esa la mejor condición para estar trabajando.
Aunque no está fuera de la realidad la baja temperatura de la habitación, no era en la sensación de frío en la que yo me encontraba, sino que ese ambiente de la habitación (marco habitual en mí) era idóneo para posibilitarme concretar sobre la idea que desarrollaba, por lo cual tal temperatura era para mí favorecedora y no distorsionadora de lo que pretendía vivenciar.
Podemos ver en este sencillo y "actual" suceso cómo tendemos a enjuiciar (interpretar) a los demás desde nuestras circunstancias; juicio que realmente viene a decirnos de nosotros mismos más que del otro; y también comprenderemos fácilmente lo inapropiado de muchas de nuestras pretensiones hacia cambios en los demás.

(18).- Además, si consideramos que gracias a que los demás han elegido una opción de vida diferente a la nuestra nosotros podemos ser más lo que hemos optado por vivir, aún más agradecidos deberíamos estar a los demás y más solidarios con sus opciones de vida.
Pretenderlos hacer como nosotros es buscar situarnos todos en el campo de las rivalizaciones y enfrentamientos (además de empobrecer la riqueza de coloridos de la vida), y es en ello donde aún se encuentra nuestra humanidad, sumergida en actitudes de intolerancia, poderíos e imposiciones, cuando tan enriquecedor resulta la comprensión de las desigualdades y el respeto a las mismas (de nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros ...), de donde surge la mayor eficacia y enriquecimiento de la vida misma.


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* Las pretensiones de los demás en mí.-

Según hemos ido viendo en los capítulos anteriores, lo que percibo (lo que veo) de los demás va a depender de la condición de mi actitud o estado interno, e igualmente lo que recibo (sus hechos hacia mí) de los demás.

Visto esto, me puede surgir la pregunta siguiente: Si otro percibe de mí lo propio de su condición y se plantea actuar hacia mí desde esa condición en él, ¿cómo esto se encaja en que yo recibiré sólo en función de mi actitud y no de la del otro?

Pues debemos saber que dentro de la mente de cada individuo caben situaciones que desearía pero que no puede materializar allá donde él pretenda, lo cual equivale a decir que todo en los individuos surge, en un principio, en sus aspectos "potenciales", pero no necesariamente "reales", y es esa potencialidad la que más tarde dará lugar a las situaciones donde puedan materializarse (al menos analógicamente), por lo cual y en el caso expresado en el párrafo anterior, lo que el otro ve de mí (interpreta de mí) y que le motiva a una acción, en un principio hacia mí, sólo podrá ocurrir (materializarse) hacia mí cuando en mí realmente exista internamente esa necesidad o estado potencial a vivenciarse.

Si no existiera en mí tal vibración en estado potencial (generada en mí por actitudes actuales o anteriores), las pretensiones del otro hacia mí serían interceptadas por alguna circunstancia que aparecería en el instante oportuno, o bien lo que yo recibiría de aquello sería modificado de tal manera que se ajustara a mis estados latentes (lo acumulado en mi potencialidad), o bien aquella pretensión terminaría proyectándose hacia otra persona que sí se ajustara al contenido de la pretensión.

En otras palabras: Los demás perciben de mí según sus estados internos, mas recibo en mí, de ellos, según mi estado, por lo que de sus pretensiones de ellos hacia mí me llegará sólo lo que venga a aportar a mi estado o esté en sintonía con la condición desarrollada en mí. Todo lo demás de sus pretensiones quedará en el ámbito de sus potencialidades, realizables sólo allá donde existan vibraciones análogas a ellas, es decir, hacia aquellas personas que en sus modos internos quepan éstas.

Así pues, lo que desee apartar de mis vivencias con otros, no debo indicárselo a ellos, sino elaborar el cambio oportuno dentro de mí. Y de igual manera hacia aquello que sí deseo llegue a ocurrir en mis circunstancias. No se trata pues de "pedir" fuera, sino de "elaborar" en nuestra propia condición de actitudes internas.


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* La compañía del cigarrillo.-

Cuando hablamos del tabaco, a veces nos referimos a lo que viene a acompañarnos un cigarrillo. Pero esta "compañía" es conveniente comprenderla si estamos pidiéndole a la vida honestidad y eficacia en nuestras vivencias humanas, especialmente hacia nosotros mismos.

El comentario que cito a continuación me llegó de una persona no fumadora, y me ayudó a comprender lo que venía a cubrir el tabaco (el cigarro) en las personas fumadoras. Fue más o menos así: "Constantemente estaba realizándome en cosas diversas, mas a pesar de estar aplicada en situaciones que en sí mismas eran de mi agrado, no por ello me sentía satisfecha o contenta conmigo; siempre había la sensación de que me faltaba algo, y no por aplicarme de nuevo a cosas que me gustaban desaparecía de mí esa insatisfacción".

Esta persona en cuestión conseguía estar ocupada o aplicada a situaciones diversas, pero era "ella en las cosas", mas ninguna de las situaciones consistía en estar "ella en sí misma"; en todo caso, lo más acercado a ella era dedicarse a su cuerpo (un aspecto de su exterior, que no es el sí misma) con el deporte. Por mucho que viviera "fuera" no conseguía sentirse "llena", pues le faltaba vivirse a sí misma, la otra polaridad que se precisa para equilibrarnos de nuestras vivencias de fuera (con los demás, hacia los demás, en cosas, etc., incluso hacia nuestro cuerpo).

El desasosiego la perseguía, y más cosas buscaba fuera para tratar de sentirse satisfecha en lo que vivía. No buscó la "sensación de satisfecha" o de tranquila (no intranquila) que le aportarían los cigarrillos, sino la vivencia de más situaciones.

Hoy día su situación anímica es bien diferente. Aprendió a estar en ella mientras estaba en las cosas (en las diversas situaciones). Percibe qué siente en ella o cómo se percibe a sí misma mientras vivencia alguna situación. Además, se dedica tiempo para estar en sí misma, sintiéndose, percibiéndose en sus estados internos (estados emocionales, actitudes, pensamientos, ...). Sabe estar en el silencio de sí misma y de los demás. Percibe que estar ausente de situaciones externas no es dejar de vivir, sino dar vida a otra de nuestras dimensiones.

Comprobó que estar viva no es estar en posesión de algo (cosas, cuerpos, preocupaciones, responsabilidades, circunstancias, ...), sino que la vida está en nosotros mismos, en nuestro ser interior, y que todas nuestras manifestaciones externas no pretenden más que mostrarnos los estados a los que vamos dando lugar dentro de nosotros.    **Al final de este capítulo inserto una imagen que puede ayudar a ver y recordar esto.

Lo que somos está en nuestro interior. El exterior es sólo para irlo percibiendo (el exterior despierta o "destapa" lo que hay escondido en nuestro interior). Vivir la vida requiere, pues, de saber ir alternando cíclicamente lo exterior y lo interior, hasta que sepamos estar dentro estando fuera, es decir, que aunque nos situemos fuera, en el marco de lo externo, estemos percibiendo lo que hay en nuestro interior, lo que vivimos de nosotros mismos en ese marco externo, que ha de adecuarse o identificarse con nuestra naturaleza esencial.

Nuestra naturaleza intrínseca es de Paz, de calma, de sosiego; por tanto, debemos aprender a situarnos en esa condición de Paz (regresar a ella) con la mayor frecuencia posible después de cada vivencia externa, sin quedarnos atrapados por las afectaciones que nos hayan producido las vivencias externas. De esta manera, conseguiremos no intervenir fuera desconectados de nuestra condición intrínseca, donde alimentamos, con la paz, nuestro desapego y la libertad ajena, bases para la eficacia del sentido de las relaciones humanas y con el universo entero.

Con este modo de no dejar de estar en nuestra serenidad interior, veremos que no son ya tantas cosas las que necesitamos, las que poseer, las que controlar, pues se trata simplemente de aprovechar aquellas situaciones en las que percibirnos en ellas, en las que vernos, en las que expresar (materializar) lo que vamos construyendo en nuestro interior, y no ya para confrontarnos con los demás, sino para confrontarnos con nuestro propio pasado, con lo que fuimos hasta ayer, tratando de dar vida fuera a esa paz interior en la que tan bien nos sentimos, para que no sea sólo una realidad muy interna, sino para que también nos envuelva externamente.

Mantenernos constantemente en situaciones externas, es como si quisiéramos alimentarnos con los trajes que cubren nuestro cuerpo y no con los alimentos que introducimos en él. Precisamos parar las ingestiones y aplicarnos a la digestión; cortar la atención a "lo que nos llegó" y centrarla en "cómo nos llegó" y lo que viene a aportarnos.

En definitiva, se trata de percibir cómo vivimos las situaciones que vivimos. Sólo a partir de entonces tendremos criterios sobre nosotros mismos y podremos pedir vivenciar fuera lo que realmente está en nuestras necesidades, en la necesidad de vivenciar todo desde un estado interno de paz y sosiego y que al mismo tiempo alimente la permanencia de dicho estado de paz.

Esta vivencia será, pues, todo aquello que venga a aportarnos de lo que percibimos tiene sentido en nuestra vida, "en las necesidades de nuestro interior", el área más real de nosotros mismos.

Lo que conocemos como "meditaciones", con toda su amplísima gama de modos de desarrollarla, serán oportunas para compensarnos de nuestras vivencias externas. Cada persona, por la peculiaridad de la estructura de su cerebro, podrá desarrollarla de una manera o de otra, que podrá ir desde le serena reflexión de lo que ha vivido externamente, o el acallamiento de la actividad mental, hasta la percepción o ubicación en factores existenciales de otras dimensiones e incluso en el propio Vacío existencial (vacío cuántico).

Mas siempre deberán aportar estados de paz anímica y desconexión emocional de las situaciones vividas en la vida física. Estas interiorizaciones, haciéndonos percibir valores en nuestra naturaleza, irán dando solidez a los elementos que precisa nuestra autoestima, necesaria para superar situaciones de aferramiento a que seamos necesarios en las vidas de los demás, donde prenden los desasosiegos más traumatizantes y los condicionamientos de las libertades ajenas y, con éstas, las propias nuestras, bases de toda violencia.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con la compañía del cigarrillo? Pues que precisamos de él, más tarde o temprano, cuando no somos capaces de mantenernos en serenidad cuando precisamos estar en nosotros, atentos a nosotros mismos, a lo que vivimos de las situaciones. Entonces echamos mano de aquello que, atentos a él, nos distrae de nosotros.

No es que se precise de una atención mantenida hacia el estar fumando, sino que el contenido del aire que aspiramos del cigarrillo llega a nuestro cerebro para incidir en aquellas áreas neuronales que podrían activar nuestra intranquilidad por percibir el contenido de la situación que no nos aporta la satisfacción que precisamos.

Análogo resultado de lo que obtenemos con el cigarrillo, lo obtenemos cuando recurrimos a las comidas indiscriminadas, donde el acaparamiento de neuronas hacia lo digestivo dispersa la intervención de aquellas otras activadoras de la intranquilidad. Y es por ello que el cigarrillo nos ayuda a controlar el peso, pues nos evita ingestiones no convenientes; aquellas que haríamos para paliar insatisfacciones de algún orden.

El controlar el abuso de comidas indiscriminadas es más fácil que el control del tabaco. En las comidas fuera de lo oportuno, podemos ver los efectos negativos, pero no es fácil ver lo negativo de estar en el tabaco, ya que no percibimos el efecto en el cuerpo, pues su influencia, así como en lo mental, es más sutil, más "limpia" de efectos visibles.

Cuando el ciclo vital nos desea llevar hacia la consideración de los contenidos de nuestras vivencias (interiorizarnos) para hacer intervenir a nuestra conciencia en lo que estamos alcanzando a vivir en las diversas situaciones que vivenciamos, objetivo esencial de esta vida, como habitualmente sentimos no estar viviendo lo que nos apetecería vivir, es fácil sentir el deseo de que algo externo nos ocupe y así distraernos de la consideración de cómo estamos viviendo las situaciones y especialmente el momento presente.

Es así como nos suele llegar la necesidad del cigarrillo, incluso a pesar de conseguir aplicarnos hacia alguna actividad que pudiera distraer nuestra mente de aquella consideración.

Ya expresamos en capítulos anteriores que nos llega (a nuestras circunstancias externas) lo coherente con los estados a los que damos vida en nuestro interior, mas persistimos en no querer vernos por dentro para así poder seguir culpando nuestra situación a la condición de los demás o de circunstancias externas.

También podemos tender al uso del cigarrillo cuando precisamos simplemente serenar nuestra mente a fin de compensarnos de aplicaciones ordinarias del pensamiento (actividad exterior) y no somos capaces de serenarla sin añadir elementos que alteren el estado de conciencia "natural" (sin artificialismos), en el cual debemos ir ubicando la percepción de nuestra vida.

Vimos también en capítulos anteriores cómo es necesario ir dando vida de una forma combinada a aplicaciones externas (con las cosas y los demás) y a aplicaciones internas (con o hacia nosotros). Cuando nos aplicamos a nosotros conseguimos tomar conciencia de lo que tenemos y de lo que creemos necesitar.

Cuando nos aplicamos a los demás, desarrollamos la siembra de lo que buscamos cultivar hacia nosotros. El carisma de nuestras siembras (la actitud y los valores que la acompañen) determinará la cualidad de lo que alcanzaremos en nuestra condición interna (los estados que vivirán en nosotros posteriormente)

Estos estados, durante la fase interna de onda (tiempo de interiorización) nos envolverá de la misma manera que nos envuelven las situaciones que vivimos fuera (fase externa), por lo que si nuestro proceder hacia los demás estuvo cargado de negatividades, no es de extrañar las situaciones de angustia interior y la necesidad de tratar de salir a flote de ellas con algo que nos saque forzadamente de nuestro interior.

¿Echaremos mano para ello del cigarrillo? ¿O de alguna droga, medicamento o bebida? ¿O echaremos mano de situaciones forzadas de ocupación que más tarde o temprano precisen de algún tipo de estimulante que termine degradando la salud de nuestro cuerpo y, con ello, de nuestro cerebro, como en el caso del cigarrillo u otro tipo de drogadicción?

En las aplicaciones hacia nosotros, tan necesarios son los momentos de reflexión serena sobre las situaciones vividas o lo que nos preparamos para vivir, como momentos de silencio de nuestra mente donde se desarrolle la desconexión con todo tipo de actividad hacia el pasado y hacia el futuro. Sería algo así como combinar el "hacer dentro" y el "no hacer dentro".

Aquí, el estar activo interiormente (analizando o viendo espectativas) es el análogo al estar fuera, y el estar en el silencio interior es el análogo al estar dentro. Ambos son precisos para nuestro equilibrio polar interior. De igual manera, en nuestras aplicaciones externas encontramos la siguiente dualidad: La acción con los demás o hacia ellos, y la acción hacia nosotros (deporte, yoga, alimentación, estudios, ...).

Con el conjunto de la dualidad externa y la dualidad interna, resulta la figura "tetrapolar" (cuatro polaridades, combinadas dos a dos) que todo factor vital contiene como los elementos de su mínima expresión o base estructural (todo se manifiesta en cuatro dimensiones o elementos antagónico-complementarios).

Todo, pues, hay que vivirlo buscando su equilibrio tetrapolar, que en el caso que nos ocupe se trata de lo siguiente: Aplicarnos a los demás y a nosotros externamente; y aplicarnos a nuestras sensaciones y pensamientos y al silencio de ambas.

A veces recurrimos al cigarro incluso cuando nos percibimos tranquilos, como para disfrutar de esa manera esos momentos, pero en realidad lo que estamos haciendo con ello es "asegurar" nuestra tranquilidad evitando el encuentro crudo con nosotros en momentos previstos para el silencio y la introspección.

Habrá entonces acallamiento interior, pero no porque nuestra mente se aquiete y se relaje en su modo natural, sino porque se impide el surgimiento de estados de intranquilidad, ya que la aspiración a través del cigarrillo bloquea la intervención de estructuras cerebrales de conciencia, que son precisamente las que necesitan de "quietud activa" (relajación) y no de adormecimiento.

Con este acallamiento no damos vida a nuestra necesidad de vida consciente interior, y generamos desequilibrio, que nos provocará adicción al adormecimiento conciencial y dificultad a estar en nuestro interior consciente, precisando de más actividades externas o de persistente uso del cigarro.

Cuando recurrimos al tabaco estando tranquilos, es por la adicción al silencio emocional, a la tranquilidad interior; pero es falsa, ya que sólo nubla las áreas que intervienen en la afectación de circunstancias inapropiadas. Cuando recurrimos a él en momentos de afectación, preocupación o angustias, está de sobra demostrada su intervención, pero la adicción se esconde cuando lo buscamos en momentos de tranquilidad.

Deberíamos utilizar el darnos cuenta de que "se nos antoja fumar", para saber que entramos en la necesidad de estar con nosotros mismos, aceptando la desconexión con alguna aplicación externa y entrar en serenidad interior, que equivaldrá a aquietar nuestra mente y acrecentar la sensación sobre nuestro estado anímico y actitud, para evaluar aquello donde andábamos con el cuerpo o con la mente.

Si aceptamos que todo nos llega desde la condición de nuestros estados latentes (lo que hemos ido moviendo en nuestro interior), ante la percepción de cualquier anormalidad dentro o fuera de nosotros lo primero es situarnos en la serenidad anímica, en estado de paz interior, ya que nada podemos achacarlo a razones externas. Lo conseguiremos armonizando los modos de nuestra respiración, para que ésta serene nuestra mente y, con ella, la actitud emocional.

Ya en el estado de serenidad, antes de pretender intervenir sobre aquella circunstancia anómala, hemos de posibilitar que desde nuestro propio nuevo estado (vivido con sinceridad y profundidad) la circunstancia tenga tiempo de poder modificar algunos de sus aspectos. Después será el observar qué cambia a raíz de eso y, más tarde, abordarlo.

No obstante, veremos que si profundizamos en esa serenidad, casi no tendremos que intervenir fuera en lo que antes era anómalo, sino que ya habrá cambiado en sus aspectos fundamentales, pues seremos otros ante la situación, y la situación será, pues, otra respecto de nosotros.

Cultivar el estar en el silencio interior (esencial para iniciarnos en la paz interior) requiere trabajarlo en grupo, para crear ambiente y para ayudarnos recíprocamente compartiendo el mayor potencial de esa energía a la que entre varios dan lugar. Primero tenemos que ser capaces de hacer silencio de palabras, no precisando intervenir aunque lo que ocurra ante nosotros parezca que nos lo pide. Después, hacer silencio de pensamiento, de una forma análoga al de las palabras, es decir, que aunque haya pensamientos, estos no nos pillen y nos arrastren al diálogo interno.

El silencio del pensamiento debe ser como cuando observamos las situaciones de fuera y procuramos no decir palabras hacia ellas (no intervenir en ellas), sino que aceptamos que esté lo que esté ante nosotros. En el pensar, dejaremos que los pensamientos estén, pero no intervendremos hacia ellos. Así nos cultivamos en la tolerancia a lo que ocurra fuera. Más tarde será el percibir que la mente está tan relentizada o funciona con tanta suavidad o silencio, que pareciera que está callada.

Cuando sabemos mantenernos al margen de los pensamientos y, después, fuera del estar pensando, entonces habremos alcanzado a relajar (descansar) la mente, y ya no precisaremos del tabaco que pseudo calle la mente y, sobre todo, nuble las emociones que puedan despertar los pensamientos, palabras o actuaciones.

Desde ese silencio interior (donde no hay afectación) podemos tratar de ver nuestra situación vivencial, como por ejemplo en lo familiar (pareja, hijos, ...). Si observamos esto, podremos saber qué contienen los elementos que hay en nuestras relaciones con los demás y con las cosas.

Iremos disponiendo así de criterio para poder decidir sobre ellas, si las mantenemos o si las alejamos, si nos mantenemos o si nos alejamos. Pero teniendo en cuenta que la clave de las circunstancias es el conjunto de nuestras actitudes internas, lo fundamental es no dejar de considerar que lo que tenemos fuera y lo que nos afecta es en consonancia con lo que vive dentro de nosotros en cuanto a actitudes, estados de ánimo y espectativas.

Así pues, volcarnos a trabajar esas actitudes, ánimos y espectativas es la clave del entramado de este tema que abordamos sobre el tabaquismo.

Las 4 áreas de la Conciencia humana:

Hemos de ir dando vida, en estado consciente y con los ojos abiertos, a estas cuatro dimensiones.

Con la vivencia de todas ellas posibilitaremos nuestra libertad y la de los demás.

Debemos dar vida a la relación con Los demás, a las atenciones de nuestro Cuerpo, a Reflexiones sobre cómo vivimos las situaciones con los demás y con nosotros mismos, y a estados de Silencio donde desconectarnos de las situaciones, pensamientos y afectaciones, hasta aprender a situarnos en el Vacío sensorial y mental, base del desapego, del no enjuiciamiento y de la libertad, plataformas de la paz interior y armonía externa.

Sabiendo estar en nosotros, percibiendo nuestro estado interno y procurando se mantenga éste en la serenidad emocional, la vivencia con los demás será enriquecedora; no nos costará estar luego en reflexiones serenas sobre lo vivido; sabremos atender las necesidades anatómicas y fisiológicas de nuestro cuerpo; y podremos sumergirnos en estados de quietud (de pensamientos, sensaciones, afectaciones y espectativas) con los que posibilitar la regeneración de los efectos de nuestras vivencias externas, para poder volver a ellas con más plenitud, armonía, entereza y apertura al sentido que en nuestra vida vengan a cubrir aquellas.

El acto de RESPIRAR es más trascendente de lo que tendemos a pensar.
No solamente alimentamos con ello la vida física, sino que damos contenido a la misma:

Al inspirar nos abrimos a recibir de lo que entre todos hemos elaborado en la atmósfera psíquica planetaria. La facilidad, intensidad y serenidad que desarrollemos en la inspiración nos hablará de cómo es nuestra apertura a los procesos que requiere nuestra vida.

El aire inspirado, que contiene los valores absorbidos de fuera, se entremezcla con los estados que vamos cultivando en nuestro interior.

Fruto de esa interacción de lo que somos por dentro y lo que nos llegó de fuera, de los demás, así va a ser el fruto de lo que salga de nosotros hacia la atmósfera colectiva, hacia los demás, y que será, al mismo tiempo, lo que nos envuelva; es decir, el matiz que percibamos o que nos llegue de lo que contemplamos fuera o lo que son nuestras circunstancias externas. Así pues, vamos siendo nosotros, con lo que aportamos a lo que recibimos de fuera, los que construimos o modulamos lo que luego van a ir siendo nuestras circunstancias o nuestro entorno.

La imagen dinámica que sigue nos puede ayudar a ver y recordar lo anterior. Contiene 6 fotogramas.


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